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El primer choque - La torre de agua - Paris con nosotros - El golpe del cañon de  Andre Stil  

El primer choque - La torre de agua - Paris con nosotros - El golpe del cañon
de Andre Stil


ediciones 
Cartago

Edición: 1957
Tomos: 3
Medidas: 14,3 x 20 cm
Estado: Bueno
Género: Novela - Histórica
Peso: 800 gramos

 
Comentario del libro Reseña del libro
 
Libro Usado Castellano
Formato libro
impreso
 
672 Pág.
U$S 41.38
C O M P R A R
* Los importes están expresados en dólares estadounidenses.
Política de Devoluciones.
 

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Descripción del libro usado "El primer choque - La torre de agua - Paris con nosotros - El golpe del cañon"


¿Villa Miseria?... Quien más, quien menos, todos conocemos y sufrimos el problema pavoroso de la vivienda. Aunque no hemos vivido la tragedia de la guerra. Es decir, no hemos visto abatirse su ciega furia destructora sobre nuestro suelo. Sus consecuencias nos han alcanzado por vía indirecta. Pero en forma tan dura como para hacernos sensible, casi objetivo, palpable, el drama de cualquier pueblo cuyo territorio haya sido escenario de la espantosa contienda que arrasó ciudades, fábricas, barriadas obreras, bosques, sembrados, cosechas, y dejó a la inmensa mayoría de la población sumida en la indigencia y a la interperie... .Tanto más sensible nos resulta ese drama, si lo sufre una nación que nos es tan querida como Francia. Y no otro es el escenario de El Primer Choque, la gran novela de André Stil, cuyo primer tomo ponemos en manos del lector de habla castellana: La torre de agua.

El lugar de la acción es una localidad portuaria, en la que se reconoce a La Pallice. La Torre de agua, que da título al volumen, es el centro de esa miserable ciudad provisoria, de casuchas de tablas y cartón embreado, cuya única construcción de cemento (todo un símbolo) es un antiguo nido de ametralladoras, semi-subterráneo, convertido en domicilio de una familia obrera...

Hace cinco años que ha concluido la guerra, pero la vida continúa allí bajo el signo de Marte, en cuyo altar se sigue sacrificando a la población. Por qué la gente de toda clase o condición sigue sometida a las más ignominiosas afrentas de la miseria, que es lo único que prospera, tras la brutal ocupación alemana y con la nueva ocupación, la norteamericana. Sencillamente, sin agregar ni quitar nada, sin otro recurso que el de exponer los hechos cotidianos, Stil nos da el cuadro lamentable a que se ve reducida toda una población laboriosa, en cuyo seno va naciendo, lógicamente, hasta generalizarse, la conciencia de que sólo la coincidencia en una firme acción común podrá poner remedio a situación tan degradante.

Haber sobrevivido a los horrores de una conflagración como la segunda guerra mundial y hallarse con que, en vez de intentar reparar siquiera los estragos materiales causados por la misma, se empieza de inmediato a hacer los preparativos de una nueva hecatombe, supone un motivo público de angustia capaz de soliviantar los ánimos y provocar, en el más desaprensivo, el sentimiento irreprimible de lanzarse a una acción contra la guerra. Comprobar que las inhumanas condiciones de vida de la población se van agravando por el sometimiento de los círculos gobernantes a los promotores de guerra, en un país que no se considera una colonia, ni siquiera una semi-colonia, sino una potencia occidental, que sufre así -como sus propias colonias- la garra preponderante y opresiva del imperialismo, es un hecho susceptible de despertar en el individuo un ardiente sentimiento por la independencia nacional. Y entre estas dos coordenadas sociales se va concretando, en efecto, la reacción unánime contra los causantes y los culpables de semejante situación, hasta que comienza la batalla por la defensa de los elementales intereses comunes, en la que los obreros portuarios, los estibadores, encabezando a todos los sectores sociales, libran el combate inicial, el de la vivienda.

Las etapas de esta reacción pública se van cumpliendo en una sucesión de hechos de elocuente y conmovedora sencillez, de una familiaridad que no excluye ni los matices más sutiles de los problemas personales y hasta íntimos, incluso en los ancianos y los niños. Y sorprende la naturalidad con que esos sucesos se van encadenando hacia el desenlace, a veces del modo más inesperado, como la vida misma, para revelarnos su compleja unidad. Tal el caso de Paul, el huerfanito de intimidad difícil, cuya fuga establece una fraternal conexión entre el poblado y la campaña, entre obreros y campesinos, de la manera más condorosa, sincera y real.

La acción multánime, viva y enérgica de esta novela se continúa en El Golpe del Cañon, donde el problema de la conservación de la vivienda se complica con nuevos aspectos de la apasionante lucha colectiva por una vida digna, de trabajo, liberada de las amenazas de otra guerra.

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