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Mucho, muchísimo se ha escrito acerca de Heine, sobre todo en Francia, donde sólo la Revue des deux mondes ha venido publicando artículo sobre artículo, en que, al hablar de Alemania y de su literatura, se han ocupado más o menos exclusivamente del poeta desde Edgard Quinet hasta Valbert, recogiendo ya este último los numerosos trabajos alemanes que, aunque tardíos, han aparecido especialmente en estos cuatro últimos años, en que Strodtmann Proe1ss, Karpeles, Engel y otros, olvidando sobre la losa de una tumba iluminada por el resplandor del genio las antiguas quejas existentes entre el poeta y su patria, no sólo hacen justicia a su mérito, sino que disculpan sus extravíos y enriquecen los datos biográficos del ilustre judío-alemán, reducidos hasta hace poco a los escasos de sus Memorias.

Apenas se sabía de él más que nació en el año 1800 en Düsseldorf, ciudad situada sobre el Rhin, ocupada por los franceses desde 1806 a 1814; que recibió su primera educación en el convento de franciscanos establecido en su ciudad natal, entró más tarde en el Gimnasio de la misma, que se llamó entonces Liceo, y allí cursó Humanidades distinguiéndose en las clases de filosofía del rector Schallmayer de Poetas clásicos de Kramer, de Matemáticas de Brewer y de Retórica y Poética francesas del abate D'Aulnoi, profesores que aun vivían en 1835, excepto el Rector, sacerdote católico que se había interesado mucho por él, sin duda por ser hermano de su madre el consejero áulico Geldern, famoso médico a quien debía la vida; que su difunto padre fue un rico negociante, y su madre señora de distinción que aun vivía también aunque retirada del mundo.

Sabíamos además que, interrumpidos sus estudios por caprichos novelescos, conatos de establecimiento -pues su padre quiso que en Hamburgo estudiara comercio -por el amor- y otras enfermedades, volvió a reanudarlos en la recién creada Universidad de Bonn, donde tuvo por maestro y amigo a Augusto

Guillermo Schlegel, quien contribuyó al desenvolvimiento del talento poético de Heine; que tras seis meses de permanencia en Bonn, pasó á Berlín, que le ofrecía mayores recursos literarios, y allí conoció a Hegel, cuya filosofía, combinada con la de Spinoza, produjeron la indiferencia, la audacia y las tendencias opuestas que reflejan sus principales obras; allí vivió en intimidad con Chamisso, con Varnhagen de Ense y su esposa Rahel Lewin, con Madama Herz, con Grabbe y otros que constituían el centro de la vida literaria de la capital de Prusia en aquella época, y allí publicó, en 1821, su primer colección de poesías, que no llamó la atención, no produciéndole honra ni dinero, por lo que abandonó a Berlín por Göttinga.

Siete años estudió en las citadas universidades, incluso la de Göttinga, en la que tomó al fin el grado de doctor en Derecho, doctor juris, como él mismo dice, después de un examen privado y de una tesis pública, en que el célebre Hugo, decano a la sazón en dicha facultad, no le perdonó la menor formalidad escolástica, y sólo le otorgó al fin un título de tercera clase, si bien, como poeta, juzgaba los versos de su graduando dignos de figurar al lado de los de Göthe; una prueba más de que los espíritus independientes de los grandes escritores jamás brillan dentro del rígido formalismo académico. Pero Heine no debió quedar contento, y ni aun supo aparentarlo, pues esta calificación desairada le proporciono, quizá, el disgusto de que alguien escribiera que había comprado su diploma, y exclama, dirigiéndose a Mr. Chasles: "Esta es la única calumnia que quisiera desmentir de cuantas circulan impresas respecto á mi vida privada. ¡He aquí el orgullo del sabio! Que digan que soy bastardo, hijo del verdugo, salteador de caminos, ateo, poetastro; de todo eso me río; pero me desgarra el corazón que me disputen mi dignidad de doctor, aunque, aquí para entre nosotros, de cualquier cosa sé más que de Derecho."

Hacia esta época fue cuando abjuró el judaísmo para abrazar el protestantismo, haciéndose bautizar como luterano en Heiligenstadt el 28 de Junio de 1825.

"Este es un hecho oficial -dice Stern- de la vida de Heine, que es imposible poner en duda, pero que aun es más difícil explicar, porque una abjuración es, un acto de fe, y en la vida de este mordaz escéptico es la más inconcebible de las anomalías; pues no digo ninguna creencia, sino ningún sentimiento, ninguna idea le ha encontrado jamás ferviente o entusiasta; él se ha burlado de la patria, del amor, del arte, de la Naturaleza, de sus amigos, de sus parientes, y hasta de sí mismo. Poeta, injurió a Göethe, el Júpiter de la poesía moderna, a Platen, quizá el Chenier de Alemania; patriota, desgarró a Börne, el más patriota de sus contemporáneos. "

Dícenos, por último, que en 1823 publicó nuevas poesías y dos tragedias, una de las cuales fue ejecutada y silbada en Brunswick, capital del ducado del mismo nombre; que en 1825 apareció el primer tomo de los Reisebilder, y los otros tres se publicaron pocos años después en casa de Hoffmann y Campe, sus editores de siempre; que desde 1826 a 1831 vivió alternativamente en Lüneburgo, en Hamburgo y en Munich, donde redactó los Anales políticos con su amigo Lindner, viajando de tiempo en tiempo por el extranjero, y que siempre, desde sus doce años, pasó el otoño a orillas del mar del Norte, adorando al mar como a una querida y cantando sus caprichos.

Hoy, a más de estos brevísimos datos, poseemos su correspondencia, con cuyos elementos se han escrito biografías como la de Strodtmann, que parecía haber agotado la materia, y que han sido ampliadas por otras posteriores. Pero el mejor medio de conocer á Heine es leer sus escritos en prosa y verso, pues no es Heine de los autores que se ocultan, sino que se ha pasado la vida hablando de sí propio, probando que el yo únicamente odioso es el de los fatuos y de los indiferentes. El Voltaire alemán tenía muchas pequeñas vanidades, y no temía ser jactancioso; pero su exquisita naturaleza le libraba de la fatuidad, haciéndole ser franco y darse por lo que era y valía. Desde su juventud y hasta su muerte se interesó por todo lo que pasaba en el mundo, teniendo todas las curiosidades y mezclando los grandes pensamientos con los pequeños, los generosos arranques con las miserias.

 
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