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La geología de esta isla es la parte más interesante de su historia natural. Al entrar en el puerto puede verse frente a la escollera una zona o faja blanca perfectamente horizontal, que corre a algunas millas a lo largo de la costa y a la altura de unos trece a catorce metros sobre el nivel del mar. Después de examinarlo se ve que ese estrato blanco consiste en materia calcárea con numerosas conchas encastradas, existentes hoy, casi todas, en la costa vecina. Descansa sobre antiguas rocas volcánicas y ha sido cubierto por una corriente de basalto, que debe haber penetrado en el mar cuando yacía en su fondo el estrato blanco que contiene las conchas. Es interesante indagar los cambios producidos por el calor de la lava desbordada sobre la masa friable, que en unas partes se ha convertido en caliza cristalina y en otras en piedra compacta, con manchas o vetas. Cuando la caliza ha quedado cogida por los fragmentos escoriáceos de la superficie inferior de la corriente se ha convertido en grupos de, hermosas fibras radiadas, parecidas al aragonito. Los lechos de lava se levantan en mesetas sucesivas, de suave inclinación hacia el interior, de donde han procedido originariamente las inundaciones de roca fundida. Desde los tiempos históricos no se han manifestado, según creo, signos de actividad volcánica en ninguna parte de Santiago. Ni siquiera se descubre sino rara vez la forma de un cráter en las cimas de muchas colinas constituidas por cenizas rojas; sin embargo, pueden distinguirse las corrientes, más modernas, de materia eruptiva en la costa, formando líneas de riscos menos elevados y extendiéndose delante de los que pertenecen a series más antiguas; de este modo la altura de las escarpas suministra una manera de determinar, con una tosca aproximación, la edad de las corrientes.

Durante nuestra permanencia observé las costumbres de algunos animales marinos. Abunda una Aplysia de gran tamaño. Este nudibranquio tiene unos trece centímetros de largo y es de un color amarillento sucio, veteado de púrpura. En cada lado de la superficie inferior, o pie, lleva una ancha membrana, que en ocasiones parece obrar como un ventilador, haciendo pasar una corriente de agua por las branquias o pulmones dorsales. Se alimenta de las algas finas que crecen entre las piedras, en agua cenagosa poco profunda, y hallé en su estómago varias piedrezuelas como las que se encuentran en las mollejas de las aves. El mencionado gasterópodo, cuando se le molesta, suelta un líquido de hermosísimo color purpúreo, que tiñe el agua en un espacio de 30 centímetros en redondo. Además de este medio de defensa tiene el de una secreción acre esparcida por todo su cuerpo, la cual causa una sensación de agudo escozor, semejante al que produce la Physalia, o agua mala.

 
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