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En el mar, en torno a Tierra del Fuego, y a no mucha distancia de la costa, he visto angostas fajas de agua de color rojo vivo, producido por numerosos crustáceos parecidos en la forma a camarones grandes. Los cazadores de focas los llaman «cebo de ballena». Si estos cetáceos se alimentan o no de ellos, lo ignoro; pero las golondrinas y cuervos marinos, así como inmensos rebaños de grandes focas, en algunas partes de la costa se nutren principalmente de estos crustáceos flotantes. Los marinos atribuyen invariablemente la coloración del agua a la freza, o huevas; pero sólo en un caso he hallado verdadera esa suposición. A la distancia de varias leguas del Archipiélago de los Galápagos, el barco navegó por tres fajas de un amarillo obscuro o como agua fangosa; tenían algunas millas de largo y sólo unos metros de ancho, hallándose separadas del agua circundante por una margen sinuosa, pero bien marcada. El color provenía de unas bolitas gelatinosas, de unos cinco milímetros de diámetro, en las que se hallaban encastrados numerosos y diminutos óvulos esféricos; los había de dos distintas clases: una de color rojizo y de diferente forma que la otra. No puedo conjeturar a qué dos clases de animales pertenecían. El capitán Colnett advierte que esta coloración es muy frecuente entre las islas de los Galápagos y que la dirección de las bandas indica la de las corrientes; sin embargo, en el caso descrito la línea había sido causada por el viento. Otra sola coloración me resta enumerar, y es la de una delgada capa aceitosa que despliega colores irisados. En la costa del Brasil vi una extensión considerable del océano que tenía este aspecto. Los marinos lo atribuyen al cadáver putrefacto de alguna ballena, que probablemente flota a no gran distancia. No cito aquí las pequeñas partículas gelatinosas a que en lo sucesivo he de hacer referencia, y que a menudo se hallan dispersas en el agua, porque no abundan bastante para producir cambio de color.

Dos circunstancias notables hay en las descripciones precedentes: la primera se refiere a la particularidad de permanecer unidos los varios cuerpos que forman las bandas con bordes definidos. ¿Cómo se explica esto? En el caso de los crustáceos parecidos a camarones sus movimientos podrán ser tan ordenados como los de un regimiento de soldados; pero no es posible que ocurra esto con los óvulos y confervas, desprovistos de toda acción voluntaria, ni tampoco es probable que suceda en los infusorios. En segundo lugar, ¿cuál es la causa de la longitud y estrechez de las bandas? El aspecto que ofrecen se parece tanto al que puede observarse en los torrentes donde el curso del agua se desarrolla en largos ramales de espuma, recogida en los remansos, que me ha inducido a atribuir el efecto mencionado a una acción semejante, bien de una corriente de aire, bien del mar. En tal supuesto, debemos creer que los varios cuerpos organizados se producen en ciertos sitios favorables, de los que son arrastrados por el movimiento del aire o del agua. Confieso, no obstante, que hay gran dificultad en concebir un sitio capaz de servir de cuna a tantos millones de millones de animálculos y confervas; porque ¿de dónde vienen los gérmenes a ese punto, ya que los organismos padres han sido distribuidos por las olas y los vientos en el inmenso océano? Pero en ninguna otra hipótesis puedo comprender su agrupación linear. Cúmpleme añadir que, según advierte Scoresby, agua verde abunda en animales pelágicos, que se encuentran invariablemente en ciertas partes del Océano Artico.

 
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