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Además he de registrar aquí algunas otras observaciones relacionadas con la coloración del mar por causas orgánicas. En la costa de Chile, a pocas leguas al norte de Concepción, el Beagle pasó un día por grandes zonas de agua cenagosa, exactamente como la un río en tiempo de crecidas; y nuevamente, un grado al sur de Valdeparaíso, estando a 50 millas de tierra, la misma coloración se presentó, en un área todavía mayor. Una pequeña cantidad de este agua, puesta en un vaso, era de un tinte pálido rojizo, y examinada al microscopio se vio que hormigueaban en ella diminutos animálculos, trasladándose rápidamente de un punto a otro, y a menudo reventando como burbujas de jabón. Su forma era oval y contraída en el medio por un anillo de pestañas curvas vibrátiles. Sin embargo, era muy difícil examinarlos con cuidado porque apenas cesaba su constante movimiento, aun al cruzar el campo de la visión, sus cuerpos reventaban. Unas veces reventaban los dos extremos a un tiempo, y otras sólo uno, arrojando cierta cantidad de materia granular, tosca y pardusca. Momentos antes de estallar, el animal se dilataba una mitad más de su tamaño natural, y la explosión se realizaba unos quince segundos después de haber cesado el rápido movimiento de progresión; en algunos casos, aunque pocos, iba precedida, durante un breve intervalo, de un movimiento rotatorio sobre el eje mayor. Al cabo de dos minutos, varios de ellos quedaron aislados en una gota de agua, y de esta suerte perecieron. Generalmente, se mueven, con la terminación más fina hacia delante, valiéndose de sus cilios o pestañas vibrátiles, y por rápidas impulsiones. Estos animales son pequeñísimos y enteramente invisibles a simple vista, pues sólo ocupan un espacio igual al cuadrado de una milésima de pulgada (0,022 mm.). Su número era incontable, pues la menor gota de agua que pude separar contenía muchísimos. En el transcurso de un día pasamos por dos extensiones de agua manchadas de dicho color, y una sola de ellas debía de abarcar un espacio de varias millas cuadradas. ¡Cuán incalculable número de estos microscópicos animales! El color del agua, tal como aparecía a alguna distancia, semejaba el de un río que hubiera arrastrado su corriente por un lecho de roja arcilla; pero a la sombra del costado del navío era de color de chocolate. La línea en que se unían el agua roja y azul estaba distintamente definida. En los días anteriores, el tiempo había sido tranquilo y el océano abundaba extraordinariamente en seres vivos .

 
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