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18 de marzo.-Hemos zarpado de Bahía. Pocos días después, cuando estábamos a corta distancia de las islas Abrolhos, me llamó la atención el aspecto pardorrojizo que presentaba el mar. Toda la superficie del agua, tal como ésta pudo ser observada con una lente de poco aumento, parecía estar cubierta de menudas pajitas de heno picado, con las puntas dentadas. Eran minúsculas confervas cilíndricas, dispuestas en haces o bolsas de 20 a 60 individuos en cada una. Mister Berkeley me hace saber que pertenecen a la misma especie (Trichodesmium

erythræum) hallada en grandes espacios del Mar Rojo, y de la que proviene la denominación que lleva este mar . Su número debe de ser incalculable; el barco pasó por varias fajas de ellas, una de las cuales tenía cerca de 10 metros de ancha y, a juzgar por el color cenagoso del agua, dos millas y media, por lo menos, de larga. En las relaciones de casi todos los largos viajes se dan algunas noticias de estas confervas. Abundan especialmente en el mar que rodea a Australia, y frente al cabo Leeuwin hallé una especie análoga, pero más pequeña y al parecer diferente. El capitán Cook, en su tercer viaje, apunta la observación de que los marinos la llamaban serrín de mar.

Cerca del Atol Keeling, en el Océano Indico, observé pequeñas y numerosas masas de confervas, de algunos centímetros en cuadro, compuestas de largos hilos cilíndricos de suma delgadez, con otros cuerpos algo mayores y visibles a simple vista, rematando en ambos extremos por conos sutiles. Dos de éstas, unidas, están representadas en el grabado. Varían en longitud desde un milímetro a milímetro y medio y en diámetro, de 1,12 milímetros a 15 milímetros. Junto a una extremidad de la parte cilíndrica puede verse de ordinario un tabique verde, formado por materia granular y más grueso en su parte media. Este tabique, según creo, es el fondo de un delicadísimo saco incoloro, compuesto de una substancia pulposa que reviste a cápsula exterior, pero sin extenderse dentro de las puntas cónicas extremas. En algunos ejemplares, pequeñas y perfectas esferas de materia granular pardusca hacían las veces de tabiques; y observé el curioso proceso de su formación. La materia pulposa de la capa, o revestimiento interno, se agrupó de pronto en líneas, de las que algunas se convirtieron en radios salidos de un centro común; después siguió contrayéndose con un movimiento rápido e irregular, de modo que en el transcurso de un segundo el conjunto se reunió en una perfecta esferita, la cual ocupó la posición del tabique, o septum, en un extremo de la caja, ahora vacía. Un accidente casual aceleró la formación de materia granular. Puedo añadir que frecuentemente se adherían dos cuerpos de éstos, uno a otro, cono con cono, con el extremo donde se halla el septum, tal como arriba se representa.

 
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