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En San Pablo hallamos sólo dos clases de aves: la Sula sula y el Anous stolidus. La primera es una especie de ave guanera y la segunda una estérnida. Ambas tienen un carácter manso y estúpido, estando tan poco acostumbradas a los visitantes que pude haber matado varias con mi martillo de geólogo. La Sula pone sus huevos en la roca desnuda, pero la estérnida construye un nido sencillo con algas. Al lado de muchos de estos nidos había un pequeño pez volador, que supongo llevado allí por el macho para tenerle de compañero. Era divertido observar la rapidez con que un grande y ágil cangrejo (Graspus), habitante de las hendeduras de las rocas, robaba el pez de junto al nido apenas había espantado a los padres. Sir W. Symonds, una de las pocas personas que han desembarcado aquí, me participa haber visto a los cangrejos arrastrar de los nidos a los polluelos y devorarlos. Ni una sola planta, ni siquiera un liquen crece en esta islita, pero está habitada por varios insectos y arañas. La lista siguiente comprende, según creo, toda la fauna terrestre: una mosca (Olfersia) que vive en la Sula, y una garrapata que como parásito de las aves ha debido de llegar a este sitio; una mariposita parda, perteneciente a un género que halla su alimento en las plumas, un escarabajo (Quedius) y una cochinilla que se cría debajo de los excrementos, y por último, numerosas arañas, que supongo viven a expensas de los acompañantes y basureros de las aves. La tan decantada historia de la elegante palmera y otras magníficas plantas tropicales, seguidas de las aves, y, por último, del hombre, en el proceso de tomar posesión de las islitas de coral recién formadas en el Pacífico, no es probablemente correcta. Mucho recelo que la poesía de tal historia venga a ser destruida por la comprobación de que los primeros habitantes de las islas oceánicas recién formadas sean en realidad los insectos parásitos y arañas que viven en el plumaje y excrementos de las aves.

El menor peñasco de los mares tropicales sirve de base a innumerables algas y de abrigo a muchos animálculos y suministra alimento a multitud de peces. Marinos y tiburones luchan constantemente por llevarse la mejor parte de la presa, enganchada en las cuerdas de pescar. He oído que una roca próxima a las Bermudas, situada en pleno mar, a muchas millas tierra y a considerable profundidad, se descubrió antes que nada por la circunstancia de haberse observado peces en las cercanías.

 
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