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 Autores  Cómo leerlos

Por veredas de magia y chamanismo de José Luis Cortés Peñaloza  

Por veredas de magia y chamanismo
de José Luis Cortés Peñaloza


ediciones deauno.com


 
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Libro Impreso Castellano
Formato libro
impreso
 
320 Pág.
U$S 22.04
C O M P R A R
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Descripción del libro "Por veredas de magia y chamanismo"


Este libro cuenta las vivencias del autor, un explorador autodidacta y escéptico, al principio, de esos senderos que desde los orígenes de la humanidad han permanecido con las puertas entreabiertas y sólo los prejuicios y fobias personales impiden franquear su umbral.

Está organizado en tres partes, la primera narra cómo por curiosidad se introdujo en una y las consecuencias benéficas que depositó en su consciencia. Las siguientes dos tratan sobre cómo ha sido su relación con genios de luz, los goces y las experiencias que difícilmente tendría en su vida cotidiana. Conclusión: “Somos hijos de Diosas y Dioses”.


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Acerca de José Luis Cortés Peñaloza


Nací en la ciudad de Pachuca en el estado de Hidalgo un 25 de junio de 1948 bajo el signo de Cáncer.
Primer y único hijo varón, tengo una sola hermana pues provenimos de un matrimonio maduro, mi padre ya contaba con 41 años y mi madre 40 cuando yo nací.
Mi padre tuvo educación musical por lo que su profesión fue siempre integrante de un grupo artístico y por lo mismo, nunca hubo excesos al momento de distribuir los ingresos en la economía familiar, la única fortuna que me procuró la vida fue la vida misma, pero ¡Vaya que fue generosa! Me dio un cuerpo que cuando lo cuido no me molesta, la suficiente terquedad de llevar la vida sin necesidad de robar o engañar a la gente y un corazón que me deja amar en libertad.
A los catorce años, nos mudamos a vivir al Distrito Federal, capital y corazón político de la República Mexicana, pero donde la vida es más cara, por lo que mi madre vendía por las tardes golosinas de frutas y yo me trepaba a los camiones urbanos para vender dulces y ayudar con los gastos de la familia. Crecí con la recomendación, más bien consigna paterna, de nunca intentar siquiera acercarme a la música cómo medio de procuración de vida.
La música me atraía, pero lo que realmente disfrutaba era la pintura, crecí con el sueño de ser pintor, sin embargo por esas cosas de la vida, se me dieron todas las facilidades para presentar y aprobar el examen de ingreso a la Universidad Nacional Autónoma de México, y cedí ante la presión de todos cuantos me conocían y recomendaban que no debía desaprovechar la oportunidad de tener buena educación y casi gratuita. Así, por lo que a mí respecta, guardo profundo amor y reconocimiento a la instrucción pública, gratuita y laica que recibí, si me fui alejando con el paso de los años del objetivo de vida que tenía en la infancia, se debió a que en el momento crucial de elección, en la cual debía decidir por una escuela de arte o una de enseñanza universitaria, hice caso a consejos de amigos y maestros y desoí a mi corazón e intuición, y caminé por una educación técnica, que me fue conduciendo por caminos aparentemente fáciles pero que me alejaron cada vez más del sueño de mi infancia.
Me inscribí en 1968 en la carrera de física, pues era la que menos me disgustaba y mientras que el mundo giraba el estilo hippie, bailando al compás del Rock de los Beatles, los Rolling Stones, y protestaba coreando a Bob Dylan, Joan Baez, Massiel y Nacha Guevara, en México el ejercito masacraba a cientos de estudiantes que, al igual que yo, sólo teníamos una garganta como arma y un corazón como escudo para exigir libertad. Fui detenido un 2 de octubre que no se olvida, permanecí incomunicado pero me liberaron varios días después, mi madre, que ya contaba con 58 años de edad, la encontré hecha un guiñapo de tanto llorar por no saber nada de mí. Tan fuerte fue la impresión que me proporcionó dimensionar el amor de mi madre que me cuestioné quien era yo para darle un sufrimiento tal a la autora de mis días, y me hice el juramento de que nunca, mientras mi madre viviera, yo deliberadamente, le volvería a dar desazón tan grande, guardé ideales y rebeldía para cuando sólo me tuviera a mí para darle cuentas de mi vida.
Luego me enamoré, pues así era cómo se acostumbraba entonces y me casé sin haber terminado la carrera, por lo que tuve que desempeñarme como burócrata, vendedor de enciclopedias casa por casa, corrector de exámenes en una escuela por correspondencia, hasta que tuve los créditos suficientes para ser ayudante de profesor en un plantel dependiente de la Universidad. Así, casado y con cuatro hijos, si. ¡Cuatro hijos! Mi tiempo lo distribuía en cursar un posgrado en Fisiología y Biofísica y dar clases en un plantel universitario para completar los gastos familiares que no alcazaba a cubrir la beca que me daba el Estado Mexicano a través del Consejo Nacional de la Ciencia y la Tecnología “CONACyT”.
Ya estando más o menos equilibrada la economía familiar, en la locura de un “flash back” repentino, intenté retomar la pintura, queriendo recuperar el sueño acariciado en la infancia. Lo hice cómo hobby, cómo un pasatiempo que me podía dar el lujo de tener, me hice a la idea de que haber abandonado ese sueño infantil fue lo mejor que me podía haber pasado, en el entendido de que en países del tercer mundo las obras de arte no son artículos de primera necesidad, no pertenecen a la canasta básica, es decir, no son indispensables para la vida en su contexto más primitivo, y de lo que únicamente se preocupa el sesenta por ciento de los mexicanos es cómo sobrevivir el día actual, el anterior ya no existe y el mañana está muy lejano para preocuparse. Se escribe con dificultad, pero es más doloroso constatarlo, también sé que hay países más pobres que México, pero eso no me brinda consuelo.
Sin el tiempo suficiente para asistir a una escuela de arte y recibir instrucción profesional, compre algunos libros para recorrer el camino del autodidacta, lápices, pinceles, pinturas y un lienzo ya preparado y colocado en un bastidor de madera y un fin de semana me dispuse a iniciar mi primera “obra de arte”. Lo que tuve fue mi primera y dolorosa frustración.
Me había propuesto pintar una representación alegórica del ascenso del hombre, desde el estado de cuasi primate hasta el de un estado muy superior, desde los abismos bestiales hasta los estratos angelicales y en la cual el hombre actual sería un estado intermedio. Cómo idea me pareció estupenda para reiniciar con el pié derecho mi truncada trayectoria artística, el problema era que se trataba absolutamente de una idea intelectual, abstracta, un primate pre homínido, en medio del fango luchaba por elevar sobre sus espaldas a un hombre actual que a su vez, hacía un esfuerzo descomunal para elevar a un ser alado, pero una cosa es la idea y otra un ideograma visualizado en sus detalles más nimios.
Por si esto fuera poco, cometí otro grave error, hasta donde me daba la memoria, de niño cuando pintaba, lo hacía directamente, sin un dibujo previo, y recuerdo que lo hacía porque la verdad me daba impaciencia esperar a tener el dibujo terminado para atacar con los colores el papel, según mis “críticos”, es decir, mi familia y los amigos, los resultados les parecían aceptables así que, con esto en mente no consideré requisito importante ya no digamos un dibujo sino ni siquiera un simple bosquejo.
Obviamente el resultado fue aterrador, un horrendo estropicio de manchas informes, posiciones y gestos caricaturescos de algo que remotamente recordaba a un chango y que parecía que cargaba a otro chango igual de escuálido y feo pero sin cola y que intentaba poner sobre su cabeza a un tieso maniquí de Ángel del siglo XIV.
Al concluir mi desperdicio inmisericorde de pinturas, con sincera autocrítica me dije
 – Haz hecho algo verdaderamente imperdonable, asegúrate de que no lo vean tus enemigos…y menos tus amigos-
El fracaso no mató ni mi ardor por volver a pintar ni mi autoestima, sólo esperé el tiempo suficiente para que cerrara una llaga que un tiempo supuró frustración, bilis y desesperanza.
Cuando me sentí restablecido emocionalmente de mi trepidante fracaso, acepté con humildad que debía empezar copiando a los grandes de la pintura y años después, visitando en el Palacio de las bellas Artes de la ciudad de México una exposición del muralista Diego Rivera, grande fue mi sorpresa al enterarme que el pintor, para hacer sus murales, no sólo dibujaba meticulosamente cada detalle sino que los pintaba al pastel sobre papel en las dimensiones exactas en las que aparecerían en el mural, yo únicamente me rasque la cabeza y dije para mis adentros
–¡Figúrate que eso hacía Diego!… Y tú querías ahorrarte el trabajo de hacer un simple dibujo.
Pero, cómo la práctica de cualquier arte causa adicción, no abandoné los pinceles, los dejaba si algún tiempo pero irremediablemente volvía a ellos, emprendí en camino de la pintura cómo el anciano que recorre trabajosamente, apoyado en un bastón un polvoso camino en donde la tierra es seca y dura y nostálgico recuerda cuando joven paseaba en esa misma vereda, cuando riendo y corriendo lo andaba y desandaba, seguía siendo un deleite como antaño, pero ahora era mucho más difícil que mis dibujos y pinturas pasaran la autocrítica a que los sometía, pero continuaba pintando en la medida de lo que me permitían mis ocupaciones, arañándole al arte un secreto al hacer un cuadro, otro secreto en otro y así, lentamente, rescataba la técnica de cómo obtener algunas buenas pinceladas, hice mía la frase de Caravagio:
“…No, para mí no ha sido fácil el arte de pintar, me cuesta mucho trabajo lo mismo pintar una manzana que una cara ó una mano”.
Sin embargo, estoy agradecido con el arte, pues cuando las finanzas domésticas se ponían críticas y no bastando mi salario para enderezar la economía me veía precisado a ofertar los cuadros que tenía, más de un comprador quedó complacido con lo que se llevaba, las pinturas más cotizadas siempre fueron las que hice de Marylin Monroe a partir de algunas sus fotografías ya clásicas, comprobando que “los caballeros las prefieren rubias” y que yo no soy el único que admira y percibe la sensualidad que cómo aroma afrodisiaco continúan emanando sus fotos. Aún ahora, con las enormes cantidades de imágenes y fotos que es posible mirar en internet, las imágenes de Marylin continúan hechizando, mantienen la magia de hacer que todo hombre oiga internamente el erótico canto de las sirenas al contemplarla.
Como es posible apreciar en estas líneas, un espíritu de rebeldía, ha palpitado siempre en mi pecho, he buscado, desde la adolescencia escuelas y religiones y ninguna tuvo poder sobre mí pues algunas ideas o dogmas no pasaron el filtro de mi razón, y ni que decir de los hombres que administran las instituciones religiosas, que no es el objetivo hablar de ellos por respeto al lector, que seguramente los conoce hasta mejor que yo.
Sólo quiero agregar que podría parecer que este no es el mejor sitio para hablar de lo que la pasión de poder hace en la mayoría de las mentes de la gente, y que cualquier propósito sobre desarrollo de la consciencia debe abstenerse de emitir juicios sobre lo que hacen los príncipes de la tierra, pero mi modesta opinión es que de cualquier forma uno opta por alguna de las dos opciones, se puede estar de acuerdo o desacuerdo, si es esto último, cómo es mi caso, se deja constancia, pero si no se emite ningún tipo de opinión, también queda implícita la postura asumida.
 Luego busque en la ciencia, sólo para advertir que es simplemente otro modus vivendi, que el concepto de ciencia cómo herramienta para beneficio del hombre murió cuando alumbró al mundo las explosiones de Hiroshima y Nagasaki. Conozco gente de buena fe, tolerante y librepensadora pero son los menos.
También incursioné en los ámbitos de la política en un partido de izquierda para constatar que igualmente, sólo los ingenuos se creen los ideales.
Paradójicamente, en la magia, esa actividad deleznable a los ojos de la religión cristiana y absurda para la ciencia ha encontrado coherencia mi corazón y mi intelecto, en su caminar he tenido valles y cuestas, a ratos el avance es rápido, cómo si me desplazara cuesta abajo y en otros momentos ha sido extremadamente difícil avanzar, cómo si subiera una empinada cuesta, varias veces me he sentido desfallecer pero mis propias vivencias, que no las puedo refutar me proporcionan, en su momento, el estímulo para seguir, entonces siguen nuevas y maravillosas experiencias que se convierten en el andamiaje para continuar.


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