Las cosas que consigo aquí en este libro no me han ocurrido todas a mí. Y si hubiesen acontecido exactamente como las describo, probablemente yo no tendría el valor de narrarlas, por temor a acabar siendo profeta a la fuerza. Y todos nosotros tenemos miedo, mucho miedo de ser profetas. Este libro no fue escrito para molestar, ni mucho menos para fastidiar, ni para vituperar: pasó el tiempo del profeta mal educado.
Yo quería solamente hablar de Jesucristo. De los extraños caminos por los cuales El conduce a sus profetas, y del extraño comportamiento de un pueblo, que podría profetizar, pero que casi siempre prefiere la gloria de la mediocridad.
Jesucristo me dejó preocupado. Escribí estas páginas para ver si "engancho" a algunos compañeros de inquietudes. Los que andan por ahí no dan abasto ni para comenzar...