Luego de Pascoli y D''Annunzio y de los escasos logros literarios del futurismo, junto a la fecunda labor de la revista La Voce, surge un poeta singularísimo, un fogonazo de originalidad e ímptu, Dino Campana (1885-1932), vagabundo, solitario y loco, como que muere en un manicomio. Esta especie de vidente bárbaro, no en vano comparado con Rimbaud, abre definitivamente el tiempo de la actual poesía italiana. Esa poesía como experiencia de vida y herramienta de conocimiento, que se goza en el lenguaje pero no se quiere mera palabra, encuentra otra veta, quizá complementaria, en el tierno y melancólico Umberto Saba (1883-1957), cantor profundo de lo cotidiano. En su misma generación se recorta otra voz altísima, tal vez la mayor de la Italia contemporána, Giuseppe Ungaretti (1888-1970), que reunirá Vida de un hombre. Eugenio Montale (1896-1982) y Salvatore Quasimodo (1901-1968), ambos galardonados con el Premio Nobel de Literatura, completan esta esclarecedora antología de la poesía italiana del siglo XX, en su momento fundacional.
Ir al inicio
|