Prólogo
Antes de escribir este libro, tenía pensado titularlo El otro
camino. Deseaba definir la segunda posibilidad que siempre existe, es
decir, ese otro camino que desconocemos y que no sabemos dónde nos habría
conducido en caso de haberlo preferido.
Como caminos, pueden existir muchos, pero son siempre
dos: el que elegimos
y el que dejamos. Recordemos la rosa de los vientos, con sus treinta y dos
secciones que marcan los rumbos en que se divide el horizonte; pero sólo dos
brillan ante nuestros deseos de emprender el camino. Es como decidir ir a la
izquierda o a la derecha. Puedo decidirme por ir al frente, en lugar de ir a la
derecha, luego, así sería izquierda y frente; es decir, no podemos caminar en
dos direcciones al mismo tiempo; subimos o bajamos. Es sencillamente un sí o un
no.
Claro está que, llegados a esta conclusión, tendríamos que situar un
personaje en el punto de partida y una referencia de observación.
Una referencia sería si tomamos, por ejemplo, a un niño con seis años, al
cual sus padres le facilitan el centro docente, o escuela primaria, para después
pensar según sus notas si ingresa en una universidad o en un instituto para
formarse en una profesión determinada.