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LUCANO

SU VIDA, SU GENIO, SU POEMA

 

LIBRO DUODÉCIMO

Describe la provincia y pueblos de Tesalia, donde asisten los dos ejércitos.

En la insigne Tesalia al sol de Oriente

Dos montes amenazan, Pelio y Osa;

Al meridiano ardor alza la frente

Otrix armado de altivez frondosa;

Fertiliza en el aura de Occidente

Pindo el boscaje de la cumbre airosa,

Y altísimo el Olimpo oculta él solo

Árticas luces, contrapuesto al polo.

Entre estos montes la Tesalia opresa

Padeció un tiempo sin campaña alguna,

Porque todo raudal fue estanco y presa,

Fue el gran distrito cóncava laguna;

El curso allí de los arroyos cesa,

Mil varias fuentes recogiendo en una,

Y en encrespadas ondas sin desvíos

Convirtiéndose en piélagos los ríos.

Hasta que pudo el Hércules Teseo

Entre el Olimpo y Osa abrir conduto,

Inmensa copia dando al hondo Egeo

Que lustros mil le denegó el tributo

Tal fue de Alcides el mayor trofeo,

Pues ya Tesalia en arenal enjuto

Reinos fundaba agrestes y civiles,

Que honró después Protesilao y Aquiles.

Fundó a Farsalia, que mejor el cielo

La eternizara; en ondas fundó a Tebas,

A Darío, donde el cántico de Delo

Venció a Tamiro en sonorosas pruebas;

Fue allí Larisa y Fálaris, y el suelo

Compartía lindes y comarcas nuevas,

Exhausto el lago, que a tenidas fuentes,

Solas dió lecho y márgenes pendientes.

Ya libre el campo reservó en canales

Evasión y discurso a todo río;

Vierte Ardriso argentado sus caudales,

El crespo Enauro y el Esperquio frío;

El Inaco, el Eante en fuerza iguales,

Corriente Eveno, Apídano tardío,

Asopo y Aqueloo con Enipeo,

Y el de mayor fertilidad Peneo.

Vertieron otros el cristal, que apenas

Alcanzan nombre, y regalando el llano,

Bebió de todas en distintas venas

La flor de Abril y el fruto de verano

Luego en campiñas fértiles y amenas

Surcos rompió la agricultora mano

Del convecino morador bebicio,

Y el lélege imitó su agreste oficio.

El feta, el fole, el peletón rasgaron

Lo campal, que abundosa mies promete;

Los dolores y cólidas fundaron

Labor que el mignio la imitó y magnete;

Después, a instancias del valor cambiaron

Blando pellico en doble coselete;

Vió Tesalia con bélicas mudanzas

Sus chozas tiendas, sus arados lanzas.

Allí Neptuno con mayor tridente

Hirió el preñado seno al risco altivo,

Donde el primer caballo erizó frente,

Parto bizarro de peñasco vivo;

El Argonauta allí Jasón valiente

Profanó el mar en su bajel argivo,

Intercedieron nadadoras hayas

Comercio unido a las discordes playas.

Allí reinó el primero que esculpidas

Monedas de selectos minerales

Labró y fundió, dejando introducidas

Aras a los fragmentos de metales;

Pues a toda materia preferidas

Sus medallas adoran los mortales,

Y a los celestes usurpó el decoro

La facción vil en simulacros de oro.

De allí Pitón la indómita serpiente

(Fiera secuaz un tiempo de Latona)

Fue transferida a Delfos, y eminente

A Febo honró, que vencedor blasona;

Anales fastos, juventud frecuente

Le consagra, y de lauro se corona,

Planta de Dafne, que la engendra el sitio,

Antes Farsalio, que la goce el Pitio.

Los Titanes allí con impia huella

(Que a los celestes advirtió escarmiento)

Dieron a su altivez cursos de estrella,

Torre de montes encimando al viento;

Precede al sol su extremidad, y en ella

Sus giros interrumpe el firmamento;

Tal extensión fraguaron espantosa

Pelio y Otrix, y Pindo, Olimpo y Osa.

En este, pues, tesálico distrito,

Juntos ya los ejércitos contrarios,

De la instante batalla el fin prescrito

Se pronostican disputando varios;

Halla el cobarde la facción delito,

Intímanse los hados adversarios,

Niégase el fuerte, al discurrir prefiere

Lo valeroso, lo fatal no inquiere.

Aunque de la mayor sangre animado

Liviana distrácción perturba a Sexto,

 
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