He sido invitado por el autor a prologar
esta obra en mi carácter de médico y con esa óptica he llegado a sus
contenidos.
Diré que primero me pareció la
presentación de una historia clínica con abundantes detalles; luego comprobé que
la misma excedía esa catalogación y que con el correr de los capítulos se iba
diseñando un mensaje de esperanza y optimismo.
La técnica sanitarista lo colocaría
como un brillante trabajo de Educación para la Salud, dirigido a la prevención
de la enfermedad. Pero considero que encuadrar este ameno relato dentro de las
pautas exclusivamente profesionales, sería asumir una posición de crítico
tecnócrata y no la de un lector que se ha deleitado con las descripciones de
cada una de las situaciones que el autor vivió y escribió.
Es justamente este aspecto sobre el
que quiero hacer el análisis como médico.
Toda persona que, por las
circunstancias de la vida, debe llegar a asumir el rol de paciente, lo hace en
primer lugar con temores y reservas sobre lo que misteriosamente le depara el
destino, con la ansiedad y la pretensión de salir sin secuelas de la escena; con
el deseo de olvidar rápidamente todos los detalles traumáticos y reducirlos a
simples problemas existenciales, fugaces y anecdóticos con un final
feliz.