Pero cuando la dimensión de la
situación es tan grande, con el dramatismo de la palabra cáncer se oscurece toda
la trama del argumento. Esa tremenda realidad estremece la escena, borra toda
fantasía y ya el rol a representar es tan difícil y angustiante que muchos
pacientes lo asemejan a un crudo diálogo con la muerte misma del que resulta
difícil retener detalles.
En este contexto, el autor ha
mantenido la serenidad y se ha desbloqueado de sus temores, ha podido conservar
la objetividad en sus vivencias volcándolas en un relato muy bien estructurado.
La secuencia de los capítulos generan en el lector la necesidad de continuar sin
pausa avanzando en la trama.
El escritor no sólo muestra cómo
logró superar su crisis personal, sino que también su interés (y aquí aflora su
profesión de periodista) lo llevó a bucear en los áridos caminos de
diagnósticos, estudios epidemiológicos y tratamientos médicos. Así nos regala en
el epílogo una serie de recomendaciones y consejos de prevención, con la sana
pretensión de suplir la falta de campañas masivas para esta patología que, como
otras, está olvidada en las políticas sanitarias nacionales e
internacionales.
Ante lo ameno de este relato, que
señala la fuerza de espíritu del autor para superar los reveses y la loable
intención de transmitir un mensaje de esperanza a los potenciales pacientes, me
inclino a recomendar la lectura y utilización de este libro como referente sobre
la patología prostática.
Dr. Enrique David
Casirola
Médico