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Introducción


Cuando surge el tema del nazismo, nuestras mentes no llegan a concebir la naturaleza de horror y las conductas de perversión y bestialidad humana que desencadenaran en el Holocausto.
Los Nazis han sido retratados como monstruos o demonios, sugiriendo que Adolf Hitler era una figura particularmente mala y poderosa, que hipnotizó al pueblo alemán, sometiendo a la nación en contra de su voluntad y obligándola a participar en sus monstruosos crímenes.
La historia de la Alemania nazi evoca habitualmente un sentido de la “otredad” que hace que sea difícil imaginarnos a nosotros mismos en ese mundo.
Demonizar a un puñado de dirigentes nazis, diferenciando los términos “nazi” y “alemán”, era una solución viable con la cual se exoneraba a la sociedad civil y diversos sectores por los abusos cometidos. Los nazis como los responsables por los crímenes infringidos, y los alemanes como personas que no podían detener a estos bárbaros.
Este enfoque puede también ser el más cómodo, de manera que cuanto más se parecen los nazis a bestias sin antepasados o descendientes, menos se parecerán a nosotros.
Pero ha sido la popularidad de Hitler y el culto creado en torno a su persona, lo que constituyó una autentica fuerza integradora fundamental para el desarrollo del Tercer Reich.
En palabras de Peter Fritzsche: “Debe quedar claro que los alemanes se convirtieron en nazis porque querían convertirse nazis y porque los nazis hablaban tan bien a sus intereses e inclinaciones.”
Esto implica que no hay que estudiar o investigar a Hitler, sino a la sociedad que permitió que un Hitler existiese, y peor aún, que asuma el poder.
En este sentido, y a pesar del conocimiento generalizado de los asesinatos en curso, ni un grupo organizado, organización profesional, académica en la Alemania nazi, e iglesias, expresó su solidaridad con los judíos, mientras el antisemitismo alemán puede explicar esta falta de solidaridad, es más probable que los alemanes simplemente eran indiferentes a la suerte judía.
Auschwitz tiene una influencia inmensa, ha transformado la humanidad, la historia, la percepción de los hombres, el significado de determinadas palabras que ya no podemos emplear, el admitir y el negar la existencia de límites en los hombres, tanto en la bondad como en la maldad.
Si el hombre ha sido el ingeniero que ha ideado los campos de exterminio al mismo tiempo que el obrero que las ha hecho funcionar, quizá ello signifique que el ser humano ha llegado a tal perversión y degeneración, que él mismo ha anulado toda esperanza de sacar algo positivo de su especie, de cada persona. “No es Dios el que murió en Auschwitz, es el hombre”.
El Holocausto fue un evento multifacético con múltiples causas, las que no se pueden reducir a una sola explicación, de manera que la investigación sobre el Holocausto, se ha vuelto tan grande que presenta diferentes aspectos y áreas de análisis.

 
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