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Todo a lo largo de la costa del Brasil, en una distancia de 2.000 millas al menos, y seguramente en un gran espacio tierra adentro, dondequiera que se tropiece con rocas sólidas, pertenecen a una formación granítica. La circunstancia de hallarse constituida esta enorme área por materiales que, según la mayoría de los geólogos, cristalizaron calentados bajo presión, da lugar a muchas curiosas reflexiones. ¿Se produjo este efecto, en las grandes profundidades del océano? ¿0 es que sobre esa superficie se extendió en un principio una capa de estratos que han ido desapareciendo desde entonces? ¿Podemos creer que alguna fuerza, obrando en un período de tiempo larguísimo, haya denudado el granito en varios millares de leguas cuadradas?

En un sitio próximo a la ciudad, donde un riachuelo desembocaba en el mar, observé un hecho que se relaciona con un asunto discutido por Humboldt . En las cataratas de los grandes ríos Orinoco, Nilo y Congo, las rocas sieníticas están revestidas de una substancia negra, presentando el aspecto de haber sido pulimentadas con grafito. La capa es de extremada delgadez, y del análisis hecho por Berzelius resultó que estaba compuesta de óxidos de manganeso y hierro. Hállasela en el Orinoco en las rocas periódicamente bañadas por las ondas, y solamente en aquellos donde la corriente es rápida; o, como dicen los indios, «las rocas son negras cuando las aguas son blancas». Aquí el revestimiento es de hermoso pardo en vez de negro, y parece compuesto de sólo materias ferruginosas. Los ejemplares manuales no dan idea exacta de estas piedras barnizadas de pardo, que reverberan con los rayos del Sol. No se las ve mas que dentro de los límites abarcados por las mareas, y como el riachuelo se desliza lentamente, la marejada debe suministrar la fuerza que pule las mencionadas rocas, como sucede en las cataratas de los grandes ríos. De un modo análogo, la subida y la bajada de la marea corresponde probablemente a las inundaciones periódicas; y así, se producen los mismos efectos en circunstancias al parecer diferentes y en realidad semejantes. Sin embargo, el origen de tales revestimientos de óxidos metálicos, que se presentan corno adheridos a las rocas, no se comprende, y a mi juicio no hay razón alguna para explicar la permanencia inalterable de su delgadez.

 
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