elaleph.com
Página de inicio Contacto Domingo 12 de febrero de 2012
  Home   Biblioteca   Editorial   Libros usados    
¡Suscríbase gratis!
Página de elaleph.com en Facebook  Cuenta de elaleph.com en Twitter  
Secciones
Taller literario
Buscador literario
Club de lectura
Facsímiles
Fin
Editorial
Publicar un libro
Publicar un PDF
Servicios editoriales
Comunidad
Foros
Club de Lectores
Subastas
Celulares
Tienda
Cursos a Distancia
Búsqueda laboral
Encuentros
Afiliados
¿Cómo funciona?
Institucional
Nuestro nombre
Nuestra historia
Consejo asesor
Preguntas comunes
Publicidad
Contáctenos
Sitios Amigos
elaleph.es
Caleidoscopio
Cine
Cronoscopio
Maemo
 
Páginas 1  2  3  4  5  (6)  7  8  9  10  11  12  13  14  15  16  17  18  19 
 

–Pero además, estarán extrañados, tal como yo, de su tranquilidad para relacionarse con un desconocido y que éste no ponga en peligro su seguridad –agregó Latour.

–¡Señor! ¿Cree Ud. que puedo tener la ingenuidad de no haber hecho pasar por el tamiz de nuestro Servicio de Inteligencia a todas y cada una de las personas con que pudiera encontrarme, fortuitamente o no, en mi recorrido de inspección? –finalizó.

Claude hizo un gesto como de obvio reconocimiento, casi una reverencia, que mereció otra leve sonrisa complaciente de von Rundstedt.

–El Coronel Hoffmeyer, mi ayudante; monsieur Claude Latour, el señor de estas tierras –fue la presentación cruzada de ambos por parte de von Rundstedt.

Klauss Hoffmeyer, alto, corpulento, los binoculares colgando sobre su pecho y una gorra muy bien calzada pero que había visto mejores días, aguardaba a su comandante a distancia prudencial para no ser impertinente pero estando "a la mano" si algo se precisaba, juntó sus talones sin ruido, tendió su mano derecha ya desenguantada e hizo una ligera inclinación de cabeza, diciendo con una voz casi aflautada que no hacía juego con su porte:

–Hoffmayer y tras el apretón de manos, breve, seco, sujetó la puerta izquierda del automóvil con la misma mano, haciendo con la otra un gesto de invitación a subir.

Bitte! –dijo secamente el Coronel.

Bitte! –repitió Runstedt, levantando su mano derecha en un ademán que quiso significar un saludo militar.

 
Páginas 1  2  3  4  5  (6)  7  8  9  10  11  12  13  14  15  16  17  18  19 
 
 
Consiga Morir por Caen de Joaquín Aguirrezabala en esta página.

 
 
Está viendo un extracto de la siguiente obra:
 
Morir por Caen de Joaquín Aguirrezabala   Morir por Caen
de Joaquín Aguirrezabala

ediciones deauno.com

Si quiere conseguirla, puede hacerlo en esta página.

 



 
(c) Copyright 1999-2012 - elaleph.com - Contenidos propiedad de elaleph.com