-¡Naturalmente!. No quiero que queden a
nuestras espaldas enemigos que luego podrían molestarnos en nuestra retirada.
Dejaremos libre el camino para que el Rey del Mar no
se vea precisado a venir en nuestro socorro, teniendo, como tendría, que
arrimarse a la costa. Podría dar un encontronazo con algún escollo. Supongo que
no habrá mucha gente en esa chalupa, prao o lo que
sea, y nosotros somos bastante ligeros de manos. No hay que hacer uso de las
armas de fuego: solamente deben funcionar los kriss y
los parangs. ¿Me habéis entendido?
-Sí, señor Yáñez -contestaron varias
voces.
-Pues entonces, ¡adelante y en
silencio!