Cuando ya estaba el pelotón a mitad de la
cuesta, se oyó una voz que gritaba, desde uno de los taludes del fortín:
-¿Quién va?
-¡El teniente Jarshon con cipayos de
Sarawak, que traen víveres para el fortín, por orden del capitán Moreland!
-¡Esperad!
Se oyeron unas voces; enseguida brillaron
luces en la empalizada, y por último, tres hombres que parecían dayakos, aun
cuando llevaban el traje típico de la India e iban armados con carabinas, se
dirigieron hacia el grupo. Uno de ellos era portador de una antorcha.