-¿Estamos dispuestos? -preguntó Yáñez.
-Sí, capitán -contestaron todos.
-Dejadme hablar a mí solamente, y estad prontos para lo que ocurra.
-Seremos mudos.
-¡Adelante, valientes! ¡Los tigres de Mompracem no temen a los mamelucos del rajá de Sarawak!
ediciones elaleph.com