-Sin duda, algún inglés que estará al
servicio del rajá de Sarawak -contestó el americano.
-¡Pues el barco se quedará sin el jefe!
-dijo Sambigliong -, ¡Le haremos prisionero junto con la guarnición del
fortín!
-¡Despacio, querido! -dijo Yáñez -. En ese
fortín puede haber más gente de la que nosotros pensamos, y nuestro juego es,
sobre todo, de astucia, Además, es preciso que no sospechen nada, puesto que ahí
tenemos la chalupa encargada de aprovisionarlos,