—A ese mozo lo vigilamos. Anda mucho por las quintas de los
gringos y lo tengo muy espiado entrando y saliendo de la casa de la familia
O'Gorman... Vea, Troncoso, que muchas de esas quintas se comunican con el río...
y el río con los traidores de la otra orilla.
—Pero si los O'Gorman son federales a muerte... Eso dicen,
¿no?
—Lo sé por la niña Manuelita, pero ahora quiero saberlo por mí
mismo... No se olvide que aspiro a llegar a jefe de policía, pero jefe jefe, y
para ese cargo a veces hay que pensar... ¿No le parece? Pensar y saber escuchar
a quien sabe más que uno y que todos, ¿no?
—¡A sus órdenes, mi coronel!
—Bueno, amigo Troncoso, en el cuartel me están esperando los
oficiales y la tropa. Todo está dispuesto para la investigación que realizaremos
mañana en nuestra Catedral. Usted, como un superior, ya queda enterado y sabe lo
que debe hacer. —Se vuelve y ordena—: Mi caballo.
—¿Me deja, coronel?
—Yo voy al encuentro de Salomón para armar la trampa en otra
parte... Usted vaya al cuartel y prepare a su gente para mañana...
—¿Solamente sobre lo conversado?
—Solamente sobre lo conversado... como le tengo dicho.