Ya es
historia...
En ese desconcertante año de 2000 en que terminaba un milenio y
empezaba otro, sucedieron varias cosas a mi alrededor. Una de ellas es que
escuché a mi hijo Sebastián hablar de "un tal Bunbury". En esos momentos la vida
me estaba llevando por nuevos rumbos. Aunque no lo sabía –apenas lo intuía–,
estaba ubicado justo en un crossroads, esos cruces de caminos a
los que Glen Miller hubiera llamado junction, como la de Tuxedo.
Se trataba de una de esas encrucijadas donde los caminos, como
las existencias, se cruzan y ya no corren más paralelos sino divergentes. Las de
terceros, y la propia. Esos momentos que –como bisagras de una puerta–, hacen de
los acontecimientos un antes y un después; y que a partir de allí,
las sendas que eran paralelas, se transforman en perpendiculares. Esto es: si te
dirigías al Norte, pues de allí en adelante vas hacia el Oeste.