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  Los Cantos de Maldoror (Página 3)

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AutorTema:   Los Cantos de Maldoror
Brunilda
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enviado 19 Agosto 2003 16:45     Presione aquí para ver el perfil de Brunilda    envíe un mensaje privado a Brunilda  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
El lunes, dia feriado en mi país (feriado no entiendo porque ya que el dia festivo en cuestión caía domingo 17 de Agosto -día de San Martin- y por esas cosas fortuitas que tiene este cándido suelo, decidieron llevarlo al lunes ) En fin, sigamos, durante estos dias me dediqué a recorrer negocios de usados y librerias modernas, encontraba de todo menos Los Cantos. Cuestión que el lunes me encontré con que tenía un montón de cosas:

*Las Cartas y Poemas (traduccion de "nosequé" Justo -es que justo ahora no lo tengo conmigo ) )
*Un análisis de Gastón Bachelard sobre Los Cantos que es G U A U!
* Los Cantos en Francés (para qué no lo sé...pero vi el libro que tanto buscaba yo, aunque esté en otro idioma, era "EL Libro"
*y Los Cantos en Castellano...no es la traducción de Pellegrini, pero bueno, lo único que encontré.

Seguimos mas tarde!!!!

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Brunilda
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Mensajes: 2571
De:Argentina
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enviado 20 Agosto 2003 22:32     Presione aquí para ver el perfil de Brunilda    envíe un mensaje privado a Brunilda  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
Bueno, alguien podría seguir con la estrofa ocho, ¿no?
(yo no trabajo más )

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Vicente de Rais
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enviado 21 Agosto 2003 20:49     Presione aquí para ver el perfil de Vicente de Rais   Presione aquí para enviar un correo electrónico a Vicente de Rais    envíe un mensaje privado a Vicente de Rais  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
Estrofa 8

Hice un pacto con la prostitución para sembrar el desorden en las familias. Recuerdo la noche que precedió a este peligroso acuerdo. Vi ante mí una tumba. Oí a una luciérnaga, grande como una casa, que me decía: "Voy a alumbrarte. Lee la inscripción. No es de mí de quien viene esta orden suprema." Una gran luz color sangre, ante cuya vista esta mis diente castañaron y mis brazos cayeron inertes, se desparramó por los aires hasta el horizonte. A punto de caerme, me apoyé en una muralla en ruinas y leí: "Aquí yace un adolescente que murió enfermo del pecho; ya saben la causa. No rueguen por él." Quizás muchos hombres no hubieran tenido tanto valor como yo. En ese momento una hermosa mujer desnuda vino a tenderse a mis pies. Le dije, con rostro afligido:"Puedo levantarte". Le alargué la mano con la que la fratricida degüella a su hermana. La luciérnaga me dice:"Coge una piedra y mátala - ¿Por qué?", le dije. Él a mí: "Ten cuidado porque eres el más débil y yo soy el más fuerte. Ésta se llama prostitución". Con lágrimas en los ojos y la rabia en el corazón sentí nacer en mi una fuerza desconocida. Tomé una gran piedra; con gran esfuerzo la levanté hasta el pecho; con mis brazos la coloqué sobre los hombros. Escalé una montaña hasta la cima y desde allí aplasté a la luciérnaga.Su cabeza se hundió en el suelo tan profundamente como grande es un hombre, la piedra rebotó hasta la altura de seis iglesias yendo a caer en un lago cuyas aguas se hundieron un momento, arremolinándose, cavando un inmenso cono invertido. La calma volvió a la superficie, la luz sangrienta no brillo más. ¡Ay, ay! exclamó la hermosa mujer desnuda, ¿qué has hecho?. Le contesté: "Te prefiero a él, porque tengo piedad de los infelices. No es culpa tuya si la justicia eterna te ha creado". "Algún día, me dice, los hombres me harán justicia, no te digo nada más.Déjame partir para esconder mi tristeza infinita en el fondo del mar. Sólo tú y los monstruos horribles que se mueven en los negros abismos no me despreciáis. Eres bueno ¡Adios, tú que me has amado!" Le dije "¡Adios! ¡Adios!, otra vez, te amaré siempré...Desde hoy abandono la virtud". Por este motivo ¡oh pueblos! cuando oigáis al viento de invierno gemir en el mar cerca de la orilla, o por encima de las grandes ciudades que desde hace mucho tiempo llevan luto por mí, o a través de las frías regiones polares, decid:"No es el espíritu de Dios el que pasa, sino el acerado suspiro de la prostitución junto con los graves gemidos del montevideano." Niños, soy yo quien os lo dice, arrodillaos plenos de misericordia. Y que los hombres, más numerosos que los piojos, recen largamente.

* * *

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Vicente de Rais
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enviado 21 Agosto 2003 22:17     Presione aquí para ver el perfil de Vicente de Rais   Presione aquí para enviar un correo electrónico a Vicente de Rais    envíe un mensaje privado a Vicente de Rais  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario

Buenas tardes.

Encontré un dato curioso acerca de la estrofa 8. Cuenta el médico psicoanalista Enrique Pichon- Rivière que conoció a un paciente que padecía de severas depresiones en el Hospicio de las Mercede en Uruguay, la problemática del bien y el mal era su obsesión. Su nombre era Edmundo Montagne, quien resultó ser un gran apasionado de Lautreamont. Montagne, cuenta Pichon-Rivière, sentía un gran orgullo de que su tío Prudencio Montagne fuera el único sobreviviente de los que habían conocido en persona a Lautreamont.

Prudenció Montagne era unos años mayor que Isidoro pero menor que su padre, Francois Ducasse. Este conoció a Lautreamont en la casa en Montevideo de su padre, ubicada en la calle Camacuá. Es allí donde Prudencio presume que nació Lautreamont. Posteriormente se convirtió esta zona, una vez habitada por familias pudientes, en el nido de la prostitución de Montevideo; según Pichon- Rivière, “muy posteriormente”.

Ahora recordemos la primera línea de la 8va estrofa: "Hice un pacto con la prostitución para sembrar el desorden en las familias". Esta estrofa está dedicada enteramente a dicho pacto, cuyo punto álgido es la muerte de la Luciérnaga a cargo de Maldoror, favoreciendo así a “la hermosa mujer desnuda que vino a tenderse a mis pies”, simbolizando la prostitución. ¿Acaso Lautreamont pudo saber acerca de la degradación de las zonas aledañas a su primera casa? o es simple coincidencia. Si bien Pichón Rivière no especifica qué tanto después se asentó la prostitución en la calle Camacúa podría creerse que no fue coincidencia, al final de la estrofa Lautreamont dice:

"Por este motivo ¡oh pueblos! cuando oigáis al viento de invierno gemir en el mar cerca de la orilla, o por encima de las grandes ciudades que desde hace mucho tiempo llevan luto por mí, o a través de las frías regiones polares, decid:"No es el espíritu de Dios el que pasa, sino el acerado suspiro de la prostitución junto con los graves gemidos del montevideano."

Aquí se difuminan los límites entre la fantasía y la realidad, entre su biografía y su leyenda, entre el poseído e Isidore. ¿Acaso lo predijo Lautreamont? En realidad no lo sé; bastaría con que un montevideano nos cuente en que año se dio a menos dichos lares.

Por otro lado, una anécdota de Francois Ducasse. El padre de Isidore era aficionado a la antropología. En 1862 realizó un viaje por Paraguay, Bolivia, Brasil y el norte de Argentina, con el fin de realizar estudios de campo sobre las tribus guaraníes. Durante el viaje contrajo paludismo, sufriendo intensas fiebres acompañadas de crisis alucinatorias. Cuenta Guillot-Muñoz, investigador de la vida de Isidoro, que cuando Francois leyó Los Cantos de Maldoror quedó consternado al encontrar increíbles semejanzas entre las visiones de Maldoror y sus alucinaciones. Durante la época del viaje Isidore se encontraba ya estudiando en Francia, y se asegura que éste no supo nunca de la enfermedad que padeció su padre ni mucho menos acerca de sus alucinaciones.

¿Qué les parece?

Brunilda Verzetti sigo esperando tu respuesta: ¿Cuál es esa fuerza superior a la voluntad de la que habla en la segunda estrofa?.

Saludos

V.d.R

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verzzeti incontra!
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Registrado: Ago 2003

enviado 22 Agosto 2003 20:12     Presione aquí para ver el perfil de verzzeti incontra!   Presione aquí para enviar un correo electrónico a verzzeti incontra!    envíe un mensaje privado a verzzeti incontra!  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
Buenas,
Aca una pequeña opinion:
La prostitucion y la luciernaga. A ver... imagino yo:...Esa luciernaga veamosla como ese sistema en cual vivimos, en el cual muchas persona se acomodan y siguen un camino muchas veces llamado destino. Un camino seguro iluminado por esta luz de esta fuerza irreconocible, ahora con forma de luciernaga. Te alumbra eso que solo ella quiere que veas, nada mas. (por que la luciernaga?... tal vez un insecto insignificante, pero a la vez tan sorprendente... no ??) Pero a la vez la luciernaga es mandada por una fuerza superior,ella dice:
"Voy a iluminrate. Lee la inscripción. Esta orden suprema no proviene de mi". Era un mensaje en el que le transmitia que no debia dudar. La muerte de un adolescente porque simplemente sucedio, simplemente todo... y no le da opcion a interrogar. De cierta forma le dice que aprenda a estar oprimido.
Ahora la prostitución. Francamente me parece una de las palabras mas acertadas para exponer algo que siempre ha estado en contra de lo correcto. El camino que no se debe seguir... es más, llega a ser un sinonimo de la DUDA, de la CULPA. Dos caracteristicas de las que se aprovecha todo sistema para el castigo. Creo que esa prostitucion es como la reveldia, es la no-aceptacion del camino que te expone la luciernaga. Maldoror tal vez lo ve como un permiso para el mal...??. Tal vez todo esto sea una pastrulada, pero estas lineas a metaforisado muchos de mis pensamientos, por lo que me caen como una cerveza helada en pleno verano!!!... jajaja
Bueno... espero opiniones.

Lo siento Vicente, por el apuro no he podido leer bien tu ultima contestacion.

Apenadamente no tengo mucha oportunidad de conectarme al internet por lo que me es dificil seguir el foro. Ahora estoy en la universidad, que es la carcel donde permanezco la mayor parte del dia, y ya estoy regresando a la cueva. Tratare de que mis respuestas sean lo mas seguido posible.

Un abrazo,
Carlos

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Vicente de Rais
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enviado 23 Agosto 2003 05:09     Presione aquí para ver el perfil de Vicente de Rais   Presione aquí para enviar un correo electrónico a Vicente de Rais    envíe un mensaje privado a Vicente de Rais  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
Buenas noches.

Coincido en cierto sentido contigo Verzeti. No obstante la imagen de la luciérnaga me lleva a pensar, más que en la sociedad, en la conciencia de Isidore; ésta es, pues, el insumo de Lautreamont.

"Este peligroso acuerdo" es un pacto no solo con la prostitución, sino con el vicio en general. Ciertamente las connotaciones sexuales del mismo invitan a una mirada psicoanalítica. Desde esta perspectiva el pacto puede ser visto como el pacto con la madre.

La luciérnaga se eleva al super yo cuando manda, inclusive nos remite a Dios: "No es de mi de quien viene esta orden suprema".

Me llama la atención el paso del amor al odio...encuentro una extraña ternura en este canto. Tal vez sea porque intuyo que la tumba de la que habla es la suya, la de aquel del otro mundo, el mundo de Montevideo (l`autre Mont). Pero, siguiendo la línea fruedeana,también podría ser la tumba de la madre. Que piensan ustedes.

Otro punto que me llama la atención es el
" Niños, soy yo quien os lo dice, arrodillaos plenos de misericordia. Y que los hombres, más numerosos que los piojos, recen largamente."

Con Verzetti totalmente de acuerdo que Lautreamont expresa aquí la culpa de Ducasse. La misericordia, entendida en términos generales, es como la virtud que invita al ánimo a compadecerse de las miserias ajenas. Desde una perspectiva teológica es un atributo consustancial al rol del Dios Padre en el plan de salvífico, en cuya virtud perdona los pecados y miserias de sus criaturas.(D.R.A.E, 1997)
En los Cantos me parece que la culpa siempre va a estar ligada al pecado, a conciencia religiosa punitiva. Por otro lado, la concepción que tienen los Cantos de Dios es teofóbica, vale decir, teme y aborrece a Dios, sin embargo le es imprescindible pues si no existiera no habría mayor prohibición que el de la sociedad; de ser así Maldoror sería nada más que un delincuente.

Con relación a la maldad de Maldoror me parece fasinante pues no es la maldad que pudo haber tenido Eichmann, aquel "administrador" del campo de concentración Nazi cuyo nombre no recuerdo. Cuando se le preguntó durante su proceso el por qué de sus acciones, respondió que el seguía órdenes, y que así como se le pidió matar judios, contra los cuales no tenía ningún sentimiento encontrado ni mucho menos, pues le eran indiferentes, con la misma efectividad hubiera podido hacer un magnifico lugar de recreo para un Kinder de niños. Simplemente, afirma Eichmann, cumplía órdenes. Esta frialdad es propia de la maldad del S.XX, la cual, más que maldad podría ser calificada como una estupidez moral, una debilidad de espíritu, pues nunca contó con que más allá de su efectividad existía en el un hombre como los que mataba.

Maldoror por el contrario se resuelve a la carrera del mal pues encuentra en su naturaleza una fortaleza que lo inclina a reconocerse como un animal humanizado.
No sé tendría que darle mál vuelta al asunto y ahora estoy cansado. El punto que quiero resaltar es que Maldoror no es un delincuente más ni un mero desadaptado social. Encuentro en el una fortaleza, una fuerza superior a su voluntad que lo animaliza...no sé tendría que darle más vuelta al asunto.....

Ahora me entiendes amiga Brunilda por que insisto en lapregunta acerca de la segunda estrofa, ¿Cuál es esa fuerza superior a la voluntad?

Una recomendación finalrueben comentar los Cantos con la música de "dead can dance".

Saludos

V.d.R

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Brunilda
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enviado 24 Agosto 2003 02:12     Presione aquí para ver el perfil de Brunilda    envíe un mensaje privado a Brunilda  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
No, no creo que tengas que darle más vueltas. Tu definición fue casi perfecta a mi modo de ver.
vos decías: Maldoror por el contrario se resuelve a la carrera del mal pues encuentra en su naturaleza una fortaleza que lo inclina a reconocerse como un animal humanizado.
// Encuentro en el una fortaleza, una fuerza superior a su voluntad que lo animaliza.

Tu pregunta está prácticamente respondida. La fortaleza mayor del hombre radica en su voluntad. La voluntad es el sostén, el tensor de aquel arco que disparará la flecha de cada acción que cometamos. Sólo superada por la voluntad divina, y es a eso a lo que se refiere. La misericordia que logra sentir por la prostitución, aquella “ternura” que decís notar, es adrede. Ducasse nos alterna, como una eficaz tortura, en cantos de amor y de odio. La misericordia y el horror. Nosotros, como un péndulo, oscilamos presa de éste hombre triste.

Maldoror nunca conoció el amor... repite el coro en la ópera de Masliah. Incapaz de sentirse digno de un amor blanco, buscará el imposible sentimiento en un alma prostituida, corrompida por el cuerpo. Ya que no puede ser digno de Dios, al sentirlo todopoderoso y puro de bondad, será digno del mal en la forma en que se encuentre.
La rebeldía del adolescente es la rebeldía de su propia alma. Teofóbico, si, pero el odio tiene su origen en un hondo desencanto, en una demostrada imposibilidad.

Maldoror, cava su propia tumba, en la que sin embargo no podrá morir porque el descanso, allí, para aquellas almas que pasaron de largo la instancia de la redención, no sirve.

Buenas noches.

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Brunilda
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enviado 24 Agosto 2003 02:21     Presione aquí para ver el perfil de Brunilda    envíe un mensaje privado a Brunilda  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
Bueno, además puedo confesarte que "Dead can dance" vibra en mi misma sintonía. Aquella versión de Saltarello en "Aion" pudo con mi espiritu Pero lamentablemente no le encuentro relación con el sentimiento del personaje "maldito" en cuestión, contanos vos por qué lo sentís asi...

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Vicente de Rais
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enviado 24 Agosto 2003 04:48     Presione aquí para ver el perfil de Vicente de Rais   Presione aquí para enviar un correo electrónico a Vicente de Rais    envíe un mensaje privado a Vicente de Rais  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
Buenas Noches

Dead can dance...por la solemnidad en su oscuridad. Paradojicamente ese extraño humor, ilumina, mejor dicho, devela algo. No sé donde leí, si te encuentras en sombras no desesperes, pues aqullo que delinea esas formas oscuras es la luz, y ésta se encuentra en algún lugar cerca.
...por esto dead can dance.

Maldoror es ritualesco, sin querer serlo es solemne. Me parece que todos los grandes asesinos comparten algo; se me viene Erzebet Bathory, que imagino Brunilda habrás leido su mágica biografía de Valentin Penrose luego de leer de Pizarnik la Condesa sangrienta. Ese algo es una posesión, ciertamente son poseidos por una fuerza superior; no sé si un mal ontológico, pero la densidad de esa oscuridad es inefable.....como para .....en fin

Bueno saludos. La verdad Brunilda no entendí tu respuesta a cuál es esa fuerza superior a la voluntad en la segunda estrofa. Disculpame por insistir pero qué es para ti esa fuerza que, desde mi punto de vista la comparten estas preciosas bestias humanas.

Por otro lado Verzeti se ha comprometido a copiar la siguiente estrofa

Saludos.

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verzzeti incontra!
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enviado 25 Agosto 2003 15:39     Presione aquí para ver el perfil de verzzeti incontra!   Presione aquí para enviar un correo electrónico a verzzeti incontra!    envíe un mensaje privado a verzzeti incontra!  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
Buenas,
Antes de entregarles la siguiente estrofa, trato de contestar la pregunta de Vicente que creo sera contestada con mas claridad mas adelante en el texto.

¿Cuál es esa fuerza superior a la voluntad de la que habla en la segunda estrofa?

Yo creo que esa fuerza superior a la voluntad, entendiendo la voluntad como lo que nos da fuerza a continuar o culminar algo, es la que ve a la voluntad como un deber en la sociedad. Me refiero a una fuerza que ve a la voluntad como una fuerza decadente, por la que esta otra fuerza se presenta y nos lleva a la busqueda de ese desconocido, ese resto... que tanto buscamos. La voluntad de cierta forma nos da ese sentir tangible del que todo ser humano es digno, pero he ahi la otra fuerza conocida por pocos, por no decir ninguno, a ese misterio del que nos alimentamos pensando algun dia poder encontrar eso... como lo hace Maldoror.

Creo que esta fuerza esta dentro de todo insatisfecho que de alguna u otra forma se identifica con Maldoror. ¿...cuantos somos?

Bueno,
en el siguiente mensaje procedere con la siguiente estrofa.
Un gusto,

VERZZETI

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verzzeti incontra!
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enviado 25 Agosto 2003 15:47     Presione aquí para ver el perfil de verzzeti incontra!   Presione aquí para enviar un correo electrónico a verzzeti incontra!    envíe un mensaje privado a verzzeti incontra!  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
Canto I Estrofa IX


Al claro de la luna, cerca al mar, en los aislados lugares de la campiña, se ve, cuando uno esta sumido en amargas reflexiones, que todas las cosas revisten formas amarillas, indecisas, fantásticas. La sombra de los árboles, rápida unas veces, lenta otras, corre, va y viene, de distintas formas, aplanándose, pegándose a la tierra. En aquel tiempo, cuando me llevaban las alas de la juventud, eso me hacia soñar, me parecía extraño; ahora estoy acostumbrado a ello. El viento gime a través de las hojas con sus lánguidas notas y el búho entona su grave lamento que eriza los cabellos de quienes lo escuchan. Entonces, los perros enfurecidos, rompen sus cadenas, se escapan de las lejanas granjas; corren por la campiña, aquí y allá, presas de la locura. De pronto, se detienen, miran a todos lados con hosca inquietud y los ojos encendidos; y, al igual que los elefantes, antes de morir, dirigen en el desierto una postrera mirada al cielo, elevando desesperadamente su trompa, dejando caer inertes sus orejas, levantan la cabeza, hinchan el terrible cuello y rompen a ladrar, unas veces como un niño que grita de hambre, otras como un gato herido en el vientre sobre un tejado, otras como una mujer que va a dar a luz, otras como un moribundo apestado en el hospital, otras como una muchacha que canta una sublime melodía, contra las estrellas del norte, contra las estrellas del este, contra las estrellas del sur, contra las estrellas del oeste; contra la luna; contra las montañas que semejan, a lo lejos, gigantescos roquedales que yacen en la oscuridad; contra el aire frío que aspiran a plenos pulmones y que vuelve rojo y ardiente el interior de su nariz; contra el silencio de la noche, contra las lechuzas cuyo vuelo oblicuo roza su hocico, llevando una rata o una rana en el pico, alimento vivo, dulce, para sus pequeñuelos; contra las liebres, que desaparecen en un abrir y cerrar de ojos; contra el ladrón que huye a uña de caballo tras haber cometido un crimen; contra las serpientes que, agitando los brezales, les hacen temblar la piel y rechinar de dientes; contra sus propios ladridos que les dan miedo; contra los sapos, a los que destrozan en una seca dentellada (¿por qué se han alejado tanto de la ciénaga?); contra los árboles cuyas hojas, suavemente acunadas, son otros tantos misterios que no comprenden, que quieren descubrir con sus ojos fijos, inteligentes; contra las arañas, suspendidas entre sus largas patas, que trepan a los árboles para huir; contra los cuervos que no han encontrado durante el día nada que comer y que regresan al nido con las alas fatigadas; contra las rocas de la orilla; contra los fuegos que aparecen en los mástiles de invisibles navíos; contra el sordo ruido de las olas; contra los grandes peces que, nadando, muestran su negro lomo y se hunden, luego, en el abismo; y contra el hombre que los hace esclavos. Tras ellos, comienzan de nuevo a correr por la campiña, saltando con sus patas ensangrentadas por encima de los fosos, los caminos, los campos, las hierbas y las escarpadas piedras. Diríase que sufren de la rabia, que buscan un gran estanque para apaciguar su sed. Sus prolongados aullidos aterrorizan a la naturaleza. ¡Ay del viajero rezagado! Los amigos de los cementerios se arrojaran sobre el, le desgarraran, le devoraran con su boca de la que chorrea sangre; pues sus colmillos no están dañados. Los animales salvajes, sin atreverse a acercarse para participar en aquel banquete de carne, huyen, temblorosos, hasta perderse de vista. Tras unas horas, los perros, derrengados por tanto correr de un lado a otro, casi muertos, con la lengua colgando de su boca, se arrojan unos contra otros, sin saber lo que hacen, y se desgarran en mil jirones con increíble rapidez. No lo hacen por crueldad. Cierto día, con los ojos vidriosos, mi madre me dijo: “Cuando estés en tu lecho y escuches los ladridos de los perros en la campiña, ocúltate bajo tus mantas, no te burles de lo que hacen: tienen sed insaciable de infinito, como tu, como yo, como todos los demás humanos de rostro pálido y alargado. Te autorizo, incluso, a ponerte ante la ventana para contemplar este espectáculo, que es bastante sublime.” Desde entonces, respeto el deseo de la muerta. Como los perros siento necesidad de infinito... ¡Y no puedo, no puedo satisfacer esa necesidad! Soy hijo del hombre y de la mujer, según me han dicho. Me sorprende... ¡creía ser mas! Por lo demás, ¿qué importa de donde vengo? Si hubiera dependido de mi voluntad, habría preferido ser el hijo de la hembra tiburón, cuyo apetito es amigo de las tempestades, y del tigre de reconocida crueldad: no seré tan malvado. Vosotros que me miráis, alejaos de mi, pues mi aliento exhala un aire envenenado. Nadie ha visto todavía las verdes arrugas de mi frente; ni los salientes huesos de mi demacrado rostro, parecidos a las espinas de algún gran pez, o a las rocas que cubren la orilla del mar, o a las abruptas montañas alpinas que recorrí a menudo, cuando cubrían mi cabeza cabellos de otro color. Y cuando merodeo entorno a las habitaciones de los hombres, durante las noches tormentosas, con los ojos ardientes, flagelados los cabellos por el viento de las tempestades, aislado como una piedra en el camino, cubro mi ajado semblante con un pedazo de terciopelo, negro como el hollín que llena el interior de las chimeneas: los ojos no deben ser testigos de la fealdad que el Ser supremo, con una sonrisa de poderoso odio, puso en mi. Cada mañana, cuando para los demas se levanta el sol, derramando el gozo y el calor salutarios sobre toda la naturaleza, mientras ninguno de mis rasgos se mueven, mirando fijamente el espacio lleno de tinieblas, acurrucado en el fondo de mi amada caverna, presa de una desesperación que me embriaga como el vino, lacero con poderosas manos mi pecho hecho jirones. ¡Y sin embargo siento que no tengo la rabia! ¡ Y sin embargo siento que no soy el único que sufre! ¡Y sin embargo, siento que respiro! Como un condenado que ejercita sus músculos, pensando en la suerte que les espera, y que pronto subirá a cadalso, de pie en mi lecho de paja, con los ojos cerrados, giro lentamente mi cuello de derecha a izquierda, de izquierda a derecha durante horas enteras; y no caigo muerto. A veces, cuando mi cuello no puede seguir girando en el mismo sentido cuando se detiene para comenzar a girar en sentido opuesto, miro súbitamente al horizonte, a través de los escasos intersticios dejados por la espesa maleza que cubre la entrada: ¡y no veo nada! Nada... salvo las campiñas que danzan, en torbellino, con los árboles y las largas hileras de pájaros que cruzan los aires. Eso me turba sangre y cerebro... ¿ Quién me golpea, pues, con una barra de hierro en la cabeza, como un martillo que golpeara el yunque?

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verzzeti incontra!
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enviado 25 Agosto 2003 15:52     Presione aquí para ver el perfil de verzzeti incontra!   Presione aquí para enviar un correo electrónico a verzzeti incontra!    envíe un mensaje privado a verzzeti incontra!  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
Canto 1 Estrofa IX

Al claro de la luna, cerca al mar, en los aislados lugares de la campiña, se ve, cuando uno esta sumido en amargas reflexiones, que todas las cosas revisten formas amarillas, indecisas, fantásticas. La sombra de los árboles, rápida unas veces, lenta otras, corre, va y viene, de distintas formas, aplanándose, pegándose a la tierra. En aquel tiempo, cuando me llevaban las alas de la juventud, eso me hacia soñar, me parecía extraño; ahora estoy acostumbrado a ello. El viento gime a través de las hojas con sus lánguidas notas y el búho entona su grave lamento que eriza los cabellos de quienes lo escuchan. Entonces, los perros enfurecidos, rompen sus cadenas, se escapan de las lejanas granjas; corren por la campiña, aquí y allá, presas de la locura. De pronto, se detienen, miran a todos lados con hosca inquietud y los ojos encendidos; y, al igual que los elefantes, antes de morir, dirigen en el desierto una postrera mirada al cielo, elevando desesperadamente su trompa, dejando caer inertes sus orejas, levantan la cabeza, hinchan el terrible cuello y rompen a ladrar, unas veces como un niño que grita de hambre, otras como un gato herido en el vientre sobre un tejado, otras como una mujer que va a dar a luz, otras como un moribundo apestado en el hospital, otras como una muchacha que canta una sublime melodía, contra las estrellas del norte, contra las estrellas del este, contra las estrellas del sur, contra las estrellas del oeste; contra la luna; contra las montañas que semejan, a lo lejos, gigantescos roquedales que yacen en la oscuridad; contra el aire frío que aspiran a plenos pulmones y que vuelve rojo y ardiente el interior de su nariz; contra el silencio de la noche, contra las lechuzas cuyo vuelo oblicuo roza su hocico, llevando una rata o una rana en el pico, alimento vivo, dulce, para sus pequeñuelos; contra las liebres, que desaparecen en un abrir y cerrar de ojos; contra el ladrón que huye a uña de caballo tras haber cometido un crimen; contra las serpientes que, agitando los brezales, les hacen temblar la piel y rechinar de dientes; contra sus propios ladridos que les dan miedo; contra los sapos, a los que destrozan en una seca dentellada (¿por qué se han alejado tanto de la ciénaga?); contra los árboles cuyas hojas, suavemente acunadas, son otros tantos misterios que no comprenden, que quieren descubrir con sus ojos fijos, inteligentes; contra las arañas, suspendidas entre sus largas patas, que trepan a los árboles para huir; contra los cuervos que no han encontrado durante el día nada que comer y que regresan al nido con las alas fatigadas; contra las rocas de la orilla; contra los fuegos que aparecen en los mástiles de invisibles navíos; contra el sordo ruido de las olas; contra los grandes peces que, nadando, muestran su negro lomo y se hunden, luego, en el abismo; y contra el hombre que los hace esclavos. Tras ellos, comienzan de nuevo a correr por la campiña, saltando con sus patas ensangrentadas por encima de los fosos, los caminos, los campos, las hierbas y las escarpadas piedras. Diríase que sufren de la rabia, que buscan un gran estanque para apaciguar su sed. Sus prolongados aullidos aterrorizan a la naturaleza. ¡Ay del viajero rezagado! Los amigos de los cementerios se arrojaran sobre el, le desgarraran, le devoraran con su boca de la que chorrea sangre; pues sus colmillos no están dañados. Los animales salvajes, sin atreverse a acercarse para participar en aquel banquete de carne, huyen, temblorosos, hasta perderse de vista. Tras unas horas, los perros, derrengados por tanto correr de un lado a otro, casi muertos, con la lengua colgando de su boca, se arrojan unos contra otros, sin saber lo que hacen, y se desgarran en mil jirones con increíble rapidez. No lo hacen por crueldad. Cierto día, con los ojos vidriosos, mi madre me dijo: “Cuando estés en tu lecho y escuches los ladridos de los perros en la campiña, ocúltate bajo tus mantas, no te burles de lo que hacen: tienen sed insaciable de infinito, como tu, como yo, como todos los demás humanos de rostro pálido y alargado. Te autorizo, incluso, a ponerte ante la ventana para contemplar este espectáculo, que es bastante sublime.” Desde entonces, respeto el deseo de la muerta. Como los perros siento necesidad de infinito... ¡Y no puedo, no puedo satisfacer esa necesidad! Soy hijo del hombre y de la mujer, según me han dicho. Me sorprende... ¡creía ser mas! Por lo demás, ¿qué importa de donde vengo? Si hubiera dependido de mi voluntad, habría preferido ser el hijo de la hembra tiburón, cuyo apetito es amigo de las tempestades, y del tigre de reconocida crueldad: no seré tan malvado. Vosotros que me miráis, alejaos de mi, pues mi aliento exhala un aire envenenado. Nadie ha visto todavía las verdes arrugas de mi frente; ni los salientes huesos de mi demacrado rostro, parecidos a las espinas de algún gran pez, o a las rocas que cubren la orilla del mar, o a las abruptas montañas alpinas que recorrí a menudo, cuando cubrían mi cabeza cabellos de otro color. Y cuando merodeo entorno a las habitaciones de los hombres, durante las noches tormentosas, con los ojos ardientes, flagelados los cabellos por el viento de las tempestades, aislado como una piedra en el camino, cubro mi ajado semblante con un pedazo de terciopelo, negro como el hollín que llena el interior de las chimeneas: los ojos no deben ser testigos de la fealdad que el Ser supremo, con una sonrisa de poderoso odio, puso en mi. Cada mañana, cuando para los demas se levanta el sol, derramando el gozo y el calor salutarios sobre toda la naturaleza, mientras ninguno de mis rasgos se mueven, mirando fijamente el espacio lleno de tinieblas, acurrucado en el fondo de mi amada caverna, presa de una desesperación que me embriaga como el vino, lacero con poderosas manos mi pecho hecho jirones. ¡Y sin embargo siento que no tengo la rabia! ¡ Y sin embargo siento que no soy el único que sufre! ¡Y sin embargo, siento que respiro! Como un condenado que ejercita sus músculos, pensando en la suerte que les espera, y que pronto subirá a cadalso, de pie en mi lecho de paja, con los ojos cerrados, giro lentamente mi cuello de derecha a izquierda, de izquierda a derecha durante horas enteras; y no caigo muerto. A veces, cuando mi cuello no puede seguir girando en el mismo sentido cuando se detiene para comenzar a girar en sentido opuesto, miro súbitamente al horizonte, a través de los escasos intersticios dejados por la espesa maleza que cubre la entrada: ¡y no veo nada! Nada... salvo las campiñas que danzan, en torbellino, con los árboles y las largas hileras de pájaros que cruzan los aires. Eso me turba sangre y cerebro... ¿ Quién me golpea, pues, con una barra de hierro en la cabeza, como un martillo que golpeara el yunque?

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Vicente de Rais
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enviado 26 Agosto 2003 00:59     Presione aquí para ver el perfil de Vicente de Rais   Presione aquí para enviar un correo electrónico a Vicente de Rais    envíe un mensaje privado a Vicente de Rais  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
Buenas noches...

por que siempre enfocas todas tus interpretaciones contra la sociedad....en todo caso, ¿cuál es la sociedad a la que se enfrenta Maldoror? ¿Te parece qué hay alguna semejanza con la sociedad, o grupo humano en el que te desenvuelves?

¿cual es esa fuerza en si misma?
¿qué es el oceano? acaso es el corazon del hombre?

Saludos

V.d.R
saludos

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verzzeti incontra!
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enviado 26 Agosto 2003 15:59     Presione aquí para ver el perfil de verzzeti incontra!   Presione aquí para enviar un correo electrónico a verzzeti incontra!    envíe un mensaje privado a verzzeti incontra!  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
Señor Vicente... me esperaba dicha acotacion!,
No es que enfoque todo contra la sociedad, es mas bien que estoy tratando de darle un nombre al origen de esa insatisfaccion de donde origina toda idea Duchasse. No se si me entiendes, me refiero a la raiz de donde nace la desesperacion!! Tal vez la palabra no sea la correcta, pero por el momento me satisface.

Me dices:
¿Cual es esa sociedad contra la que se enfrenta Maldoror?
Me refiero a esos demonios a los que el va dando forma. Ya sean de colores amarillentos o mas grandes que diez casas... son esos "sociedad" contra los que el lucha. No sé si sea una lucha o una discusion, pero a esos me refiero.
Por eso mismo no es que mi sociedad, o sistema, como lo plantie en un inicio, se semejen a contra lo que lucha Maldoror. La semejanza esta en las ideas de lo que el cree esta el mal y el bien, de donde nace su maldad.
Tal vez sea esa crianza y esa rueda de tradiciones una mejor descripcion a lo que digo es el "sistema" o "sociedad", acompañada a la vez de la sociedad y el sistema tangible en el cual nos desenvolvemos... por logica!.

Una semejanza al grupo humano en el cual me desenvuelvo??? y bueno... no me molestaria clavarle las uñas a unos cuantos si a eso te refieres.
---

Cual es esa fuerza en si misma?, me preguntas.
Te repito que es algo que yo creo le vamos a ir dando forma conforme el texto se desenvuelve. Ahora que si estas apurado podriamos bautisarla con algun nombre... o es que tu me vas a decir cual es esa fuerza superior??? Creo hasta el moemento poder describirla como lo he hecho, pero aun no estoy tan seguro como para poder nombrarla.

Me voy a clases.
un gusto,

Verzzeti

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Brunilda
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enviado 26 Agosto 2003 16:15     Presione aquí para ver el perfil de Brunilda    envíe un mensaje privado a Brunilda  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
Vicente, lamentablemente pienso como Verzzeti: Esa fuerza aún es difusa y tu pregunta más retórica que posible de alguna respuesta certera

SAlud y más a la noche vuelvo!

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Vicente de Rais
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enviado 26 Agosto 2003 23:50     Presione aquí para ver el perfil de Vicente de Rais   Presione aquí para enviar un correo electrónico a Vicente de Rais    envíe un mensaje privado a Vicente de Rais  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
Buenas noches

No difiero de tu punto de vista, pero me parece que la rebelión contra la sociedad no agota la realidad de los cantos de Maldoror.

La rebelión de Maldoror es la rebelión de Ducasse contra SU propia historia, no sólo contra el "sistema". El que escribe los Cantos no es Ducasse, es el Conde de Lautreamont. Este es como un puente que permite volcar todo ese subconsiente.

Lo que has escrito Verzetti acerca de aquella enigmática fuerza me parece más bien la ecisión de la voluntad de Maldoror, mas no la Fuerza superior a la voluntad. En todo caso la rebelión depende de la voluntad y del libre arbitrio, y esta Fuerza es superior a la voluntad.

No estoy apurado, solo insatisfecho con tu respuesta.

No les parece que cuando uno odia a algo también se odia a sí mismo: aquella fuerza podría ser la inercia de la naturaleza.

¿Qué les parece?

Saludos, regreso más tarde.

V.d.R

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verzzeti incontra!
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enviado 28 Agosto 2003 19:27     Presione aquí para ver el perfil de verzzeti incontra!   Presione aquí para enviar un correo electrónico a verzzeti incontra!    envíe un mensaje privado a verzzeti incontra!  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
Buenas Tardes,
Amigo Vicente, Duchasse escribe los cantos disfrazado del conde como lo veo yo, lo dice desde un inicio en donde el plantea el no querer dejar memoria ni rastro de su existencia, por lo que siendo ese conde desconocido nadie tiene que pensar en Isidore Duchasse. Podriamos decirlo como que el nombre del subconsciente de duchasse es el Conde de Lautremont. Es por eso que tambien te mencione la rebelión de Duchase contra su propia historia cuando trate de plantearte en vez de "sociedad" o "sistema" sus tradiciones y su crianza, siendo ellas contra quien planteaba su lucha.
Creo que no nos alejamos mucho en nuestras definiciones, pero estas se aclararan mas adelante. Eperemos...

Con respecto a la estrofa 9, creo que aca encontramos un punto clave para describir mejor esa interrogante de esa fuerza superior.
Todo se origina en esa sed insasciable por el infinito, esta es una descripcion clara de lo que yo planteaba como ese "algo mas" que buscamos algunos... duchasse nos expone esto en los ladridos de los perros, ladridos de muerte como cuando un niño sufre, o como gato, mujer, moribundo, muchacha, estrellas, luna, montaña, aire, silencio, lechuzas, liebres, ladron, serpientes, sapos, arboles, arañas, cuervos, rocas, fuegos, olas y una pequeña diferencia en cuanto se refiere al "hombre". Pone a todos estos en un plano totalmente igual, aunque de cierta forma le hecha la culpa al "hombre"... mas no al niño, ni a la muchacha, ni a la mujer...??? (tal vez me equivoque) Por lo que entiendo, todas estas formas estan "ladrando" en busca de ese infinito, pero ninguna es capaz de llegar. El mismo tambien es incapaz cuando menciona: "!Yo no puedo, no puedo satisfacer esa necesidad! Soy hijo del hombre y de la mujer, segun me han dicho". Transimite entonces la existencia de esa fuerza superior, mas no la posibilidad de alcanzarla.
Mas adelante acepta que su estado no es unico, esa insatisfaccion es tambien pena de otros. Se define como: "un condenado que ejercita sus musculos"... que busca y busca y siempre termina viendo lo mismo.
Creo que aca el conde nos da a entender esa fuerza como una fuerza superior a la que el no es capaz de alcanzar. Es una fuerza que el es capaz de ver y describirla, una fuerza con la que el camina y habla, mas no una fuerza que el utiliza! Podemos entonces aca encontrar la raiz de toda su maldad... ya que no puede lograrlo... entonces?? No afirmo lo que digo, pero si lo que escribo tiene sentido entonces he aca la justificacion de todo lo que sigue en los cantos (me adelanto sin haber terinado de leerlos)...
Ustedes que piensan? Es acaso la maldad y el odio la causa de nuestras insatisfacciones y limitaciones???
!Eso me turba sangre y cerebro!!! ja!
Ese golpe de la barra de hierro es tan fuerte y brutal como su insatisfaccion al no entender!!

No estoy totalmente de acuerdo que el odio termina siendo como lo planteas. Creo mas bien que de cierta forma aceptamos una decadencia presente en nosotros al odiar... jajaja, bueno esta bien!!!Por suerte no odio demasiado!

Bueno, me despido y me dirijo de nuevo a clases, un gusto como siempre,

VERZZETI

pd: ...no nos apuremos entonces.

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Vicente de Rais
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enviado 29 Agosto 2003 01:21     Presione aquí para ver el perfil de Vicente de Rais   Presione aquí para enviar un correo electrónico a Vicente de Rais    envíe un mensaje privado a Vicente de Rais  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
Buenas Tardes.

Me llamó la atención la identificación de Maldoror con el perro. Ellos se desgarran como él se desgarra en jirones; aquellos no lo hacen por rabia, a éste no le aqueja la rabia tampoco.

En la antigüedad los perros estaban consagrados a Hécate, diosa de los muertos; tal vez porque desde siempre ha sido considerado como el mejor amigo del hombre, sería entonces el mejoramopañante también en nuestrro camino al más allá.

Por otro lado el soñar con perros, según escribe Emilio Salas en su Libro de los Sueños, indica una apetencia de amor y cariño. Si el perro está herido indicaría que alguna relación afectiva está en peligro.

Salas advierte que el perro debe estar en libertad para servirnos y así significar la presencia de una amistad duradera. Si se mantiene atado por lo general se muestra bravo y a veces bestial.También lo relaciona con nuestro lado instintivo.

Es el perro un simbolo genial de la dualidad odio/amor, ternura/tortura. Y rematar en el nucleo de la estrofa con la madre muerta....realmente zozobra los navios invisibles en nuestros gargantas y pechos...es un genio!

Tal vez esa dualidad, o como lo exponen en las conversaciones del Club de la Serpiente Oliveira y compañia, esas dicotomias occidentales son las que trata de diluir Lautreamont, la dualidad de Maldoror y Ducasse, sin que uno sea el bueno y el otro el malo en estricto sentido claro está.

Dices no odiar tanto, sin embargo no te molestaria clavarle las uñas a algunos, dices tu Verzetti. Cuando uno ama también se ama a sí mismo. La inercia de la naturaleza. La diferencia está en que uno se olvida de sí mismo y el amor es el otro, para otro y en el otro. Por eso ardes porque no está ella para completarte Y como decía Salinas "la vida es un constante separarse".

A esa fuerza ego baptiso in nomini dei et in nomini diaboli, como la inercia de la naturaleza. Amen.

Saludos

p.d: no me apuro, me precipito en vértigo enhiesto.

V.d.R

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Vicente de Rais
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enviado 29 Agosto 2003 01:50     Presione aquí para ver el perfil de Vicente de Rais   Presione aquí para enviar un correo electrónico a Vicente de Rais    envíe un mensaje privado a Vicente de Rais  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
Concuerdo contigo en tu primer párrafo Verzzeti. A todo lo pone en el mismo nivel. Es la desesperación como un estado de conciencia superior. Superior en el sentido en que las cosas pierden su peso y todo se oscurece, y luego, ¿qué existe? como un toque de campana sordo en el inerior de la existencia (grande Heidegger). En este estado, ¿qué cosas tienen sentido?

Sin embargo no concuerdo con tu segundo pàrrafo. Y es que esa fuerza no es solamente Maldad. Presiento que es esa dicotomía diluida barnizada en una noche líquida de figuras tiernas, sublimes y tambien monstrosas.

Maldoror persigue esa fuerza sí, la utiliza no. El es utilizado por ella. Lautreamont encarna esa fuerza en la violencia del verbo poético.

Preguntas si es nuestra "maldad" y "odio" yacen el por qué de nuestras limitaciones. No es que mientras más buenos y menos odios tengamos seamos menos limitados. Somos limitados por naturaleza. De una u otra manera todos somos liciados; no somos todopoderosos. Algunos piensan que ahí el por qué de habernos creado un Dios omnipotente. Tal vez la primera dualidad que creó el hombre para protegerse fue el alma inmortal, luego Dios, luego la literatura. Mientras tanto pensemos.

Por otro lado dices que al odiar aceptamos cierta decadencia en nosotros. Al amar tambien. La diferencia está en que en el acto sexual como en el parto la sensación de asco se suprime. Me imagino que es un regalo de la naturaleza.Termina tu libro de Bataille, o acuerdate de mi en tu próxima relación jajajjaja, aunque no creo que te sea grato jajajaja.

Qué pasa Brunilda, nos has abandonado.
Continuamos con la siguiente estrofa.

Saludos
V.d.R

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Vicente de Rais
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enviado 29 Agosto 2003 17:38     Presione aquí para ver el perfil de Vicente de Rais   Presione aquí para enviar un correo electrónico a Vicente de Rais    envíe un mensaje privado a Vicente de Rais  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
Buenos Dias

Les parece si la siguiente estrofa la dividimos en cuatro o hasta seis partes para un mejor gozo del texto?. Ahora en la tarde escribo la primera parte.

Saludos

V.d.R

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Vicente de Rais
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enviado 30 Agosto 2003 01:16     Presione aquí para ver el perfil de Vicente de Rais   Presione aquí para enviar un correo electrónico a Vicente de Rais    envíe un mensaje privado a Vicente de Rais  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
Estrofa 10 (primera parte)

Me propongo, sin conmoverme, declamar a voces la estrofa seria y fría que vais a oír. Prestad atención a su contenido y guardaos de la penosa impresión que no dejará de produciros, como un estigma, en vuestra agitada imaginación. No creáis que estoy a punto de morir, pues aún nosoy un esqueleto y la vejez no está reflejada en mi frente. Descartemos, por lo tanto, cualquier comparación con el cisne en el instante en que su vida le abandona y no veáis delante más que a un monstruo del que me felicito no podáis ver la cara, aunque ella es menos horrible que su alma. Sin embargo, no soy un criminal...Dejemos eso. No hace mucho que he vuelto a ver el mar y pisado el puente de los buques. Mis recuerdos son tan vivos como si le hubiera dejado la víspera. Estén, no obstante, si pueden, tan tranquilos como yo en esta lectura que ya me arrepiento de ofreceros, y no se ruboricen al pensar lo que es el corazón humano. !Oh pulpo, de mirada de seda! tú, cuya alma es inseparable de la mía; tú, el más bello de los habitantes del globo terrestre, conductor de un serallo de cuatrocientas ventosas; tú, en donde noblemente se hallan como en su residencia natural, por común acuerdo, con vínculo indestructible, la dulce virtud comunicativa y las gracias divinas, ¿por qué no estas conmigo, tu vientre de mercurio contra mi pecho de aluminio, sentados los dos en una roca de la orilla para contemplar este espectáculo que adoro?

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Punto G
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enviado 05 Septiembre 2003 15:29     Presione aquí para ver el perfil de Punto G    envíe un mensaje privado a Punto G  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
Esta imagen corresponde al original de la 2da edición en español. Ed. Barral, Barcelona, 1970. (Trad., Aldo Pelligrini).

Certificado de bachillerato en letras de Isidore Ducasse.

Una carta a Darasse.

Su firma

Rubén Darío sobre Isidore Ducasse, Conde de Lautréamont (pseudónimo inspirado en una novela de Eugène Sue, adoptado cuando Albert Lacroix, el único editor que se atrevió a publicar a Ducasse fue instado a retirar su obra de la circulación por excesos de estilo)

Su nombre verdadero se ignora. E1 conde de Lautréamont es pseudónimo. Él se dice montevideano; pero ¿quién sabe nada de la verdad de esa vida sombría, pesadilla tal vez de algún triste ángel a quien martiriza en el empireo el recuerdo del celeste Lucifer? Vivió desventurado y murió loco. Escribió un libro que sería único si no existiesen las prosas de Rimbaud; un libro diabólico y extraño, burlón y aullante, cruel y penoso; un libro en que se oyen a un tiempo mismo los gemidos del Dolor y los siniestros cascabeles de la Locura.

León Bloy fué el verdadero descubridor del conde de Lautréamont. E1 furioso San Juan de Dios hizo ver como llenas de luz las llagas del alma del Job blasfemo. Mas hoy mismo, en Francia y Bélgica, fuera de un reducidísimo grupo de iniciados, nadie conoce ese poema que se llama Cantos de Maldoror, en el qual está vaciada la pavorosa angustia del infeliz y sublime montevideano, cuya obra me tocó hacer conocer a América en Montevideo. No aconsejaré-yo a la juventud que se abreve en esas negras aguas, por más que en ellas se refleje la maravilla de las constelaciones. No sería prudente a los espíritus jóvenes conversar mucho con ese hombre espectral, siquiera fuese por bizarría literaria, o gusto de un manjar nuevo. Hay un juicioso consejo de la Kábala: "No hay que juzgar al espectro, porque se llega a serlos". Y si existe autor peligroso a este respecto, es el conde de Lautréamont. ¿Qué infernal cancerbero rabioso mordió a esa alma, allá en la región del misterio, antes de que viniese a encarnarse en este mundo? Los

clamores del teófobo ponen espanto en quien los escucha. Si yo llevase a mi musa cerca del lugar en donde el loco está enjaulado vociferando al viento, le taparía los oídos.

Como a Job le quebrantan los sueños y le turban las visiones. Como Job, puede exclamar: "Mi alma es cortada en mi vida; yo soltaré mi queja sobre mí y hablaré con amargura de mi alma". Pero Job significa "el que llora"; Job lloraba y el pobre Lautréamont no llora. Su libro es un breviario satánico; impregnado de melancolía y de tristeza. <<E1 espíritu maligno— dice Quevedo en su Introducción a la vida devota— se deleita en la tristeza y melancolía por cuanto estriste y melancólico, y lo será eternamentea. Más aún: quien ha escrito los Cantos de Maldoror puede muy bien haber sido poseso. Recordaremos que ciertos casos de locura que hoy la ciencia clasifica con nombres técnicos en el catálogo de las enfermedades nervíosas, eran y son vistos por la Santa Madre Iglesia como casos de posesión para los cuales se hace preciso el exorcismo. "¡Alma en ruinas!>, exelamaría Bloy con palabras húmedas de compasión.

Job: "E1 hombre nacido de mujer, corto de días y, harto de desabrimiento..."

Lautréamont: "Soy hijo del hombre y de la mujer, según lo que se me ha dicho. Eso me extraña. iCreía ser más!"

Con quien tiene puntos de contacto es con Edgar Poe.

Ambos tuvieron la visión de lo extranatural, ambos fueron perseguidos por los terribles espíritus enemigos, "horlas" funestas que arrastran al alcohol, a la locura, o a la muerte; ambos experimentaron la atracción de las matemáticas, que son, con la teología y la poesía, los tres lados por donde puede ascenderse a lo infinito. Mas, Poe fué celeste, y Lautréamont infernal.

Escuchad estos amargos fragmentos:

"Soñé que había éntrado en el cuerpo de un puerco, que no me era fácil salir, y que enlodaba mis cerdas en los pantanos más fangosos. ¿Era ello como una recompensa? Objeto de mis deseos: ¡no pertenecia más a la humanidad! Así interpretaba yo, experimentando una más que profunda alegría. Sin embargo, rebuscaba activamente qué acto de virtud abia realizado, para merecer de parte de la Providencia este insigne favor...

"Mas, ¿quién conoce sus necesidades íntimas, o la causa de sus goces pestilenciales? La metamorfosis no parecio jamás a mis ojos, sino como la alta y magnífica repercusión de una felicidad perfecta que esperaba desde hacia largo tiempo. ¡Por fin habia llegado el dia en que yo me convirtiese en un puerco! Ensayaba mis dientes sobre la corteza de los árboles; mi hocico, lo contemplaba con delicia. "No quedaba en mi la menor partícula de divinidad": supe elevar mi alma hasta la excesiva altura de esta voluptuosidad inefable."

León Bloy, que en asuntos teológicos tiene la ciencia de un doctor, explica y excusa en parte la tendencia blasfematoria del lúgubre alienado, suponiendo que no fue sino un blasfemo por amor. <Después de todo, este odio rabioso para el Creador, para el Eterno,.para el Todopoderoso, tal como se expresa, es demasiado vago en su objeto, puesto que no toca nunca los Simbolos>, dice. Oid la voz macabra del raro visionario . Se refiere a los perros nocturnos, en este pequeño poema en prosa, que hace daño a los nervios. Los perros aúllan: "sea como un niño que grita de hambre, sea como un a gato herido en el vientre, bajo un techo, sea como a una mujer que pare; sea como un moribundo atacado de la peste, en el hospital; sea como una joven que canta un aire sublime—contra las estrellas al Norte, contra las estrellas al Este, contra las estrellas al Sur, contra las estrellas al Oeste; contra la luna; contra as montanas; semejantes, a lo lejos, a rocas gigantes, yacentes en la obscuridad—; contra el aire frío que ellos aspiran a plenos pulmones, que vuelve lo interior de sus narices rojo y quemante; contra el silencio de la noche; contra las lechuzas, cuyo vuelo oblicuo les roza los labios y las narices, y que llevan un ratón o una rana en el pico, alimento vivo, dulce para la cría; contra las liebres que desaparecen en un parpadear; contra el ladrón que huye, al galope de su caballo, después de haber cometido un crimen; contra las serpientes agitadoras de hierbas, que les ponen temblor en sus pellejos y les hacen chocar los dientes —contra sus propios ladridos, que a ellos mismos dan miedo; contra los sapos, a los que revientan de un solo apretón de mandibulas (¿para que se alejaron del charco?); contra los árboles, cuyas hojas muellemente mecidas son otros tantos misterios que no comprenden, y quieren descubrir con sus ojos fijos inteligentes—; contra las arañas suspendidas entre las largas patas, que suben a los árboles para salvarse; contra los cuervos que no han encontrado qué comer durante el dia y que vuelven al nido, el ala fatigada, contra las rocas de la ribera; contra los fuegos que fingen mástiles de navíos invisibles; contra el ruido sordo de las olas; contra los grandes peces que nadan mostrando su negro lomo y se hunden en el abismo—, y contra el hombre que les esclaviza..."

"Un dia, con ojos vidriosos, me dijo mi madre:

>—Cuando estés en tu lecho, y oigas los aullidos e los perros en la campaña, ocúltate en tus sábanas, no rías de lo que ellos hacen, ellos tienen una sed insaciable de lo infinito, como yo, como el resto de los humanos, a la figure pale et longue...> <:Yo—sigue él—, como los perros sufro la necesidad de lo infinito. ¡No puedo, no puedo llenar esa necesidad!" Es ello insensato, delirante; <mas hay algo en el fondo que a los reflexivos hace temblara.

Se trata de un loco, ciertamente. Pero recordad que el deus enloquecía a las pitonisas, y que la fiebre divina de los profetas producia cosas semejantes: Y que el autor "vivió" eso, y que no se trata de una <obra literaria>, sino del grito, del aullido de un ser sublime martirizado por Satanás.

El cómo se burla de la belleza—como de Psiquis por odio a Dios—, lo veréis en las siguientes comparaciones, tomadas de otros pequeños poemas :

<...E1 gran duque de Virginia, era bello, bello como una memoria sobre la curva que describe un perro que corre tras de su amo . . . > "El vautour des agneaux, bello como la ley de la detención del desarrollo del pecho en los adultos cuya propensión al crecimiento no está en relación con la cantidad de moléculas que su organismo se asimila...E1 escarabajo, "bello como el temblor de las manos en el alcoholismo . ."

E1 adolescente, "bello eomo la retractibilidad de las garras de las aves de rapiña", o aún "como la poca seguridad de los movimientos musculares en las llagas de las partes blandas de la región cervical posterior", o, todavía, "como esa trampa perpetua para ratones toujours retendu par l'animal pris, qui peut prendre seul des rongeurs indéfiniment et fonctionner même caché sous la paille>, y, sobre todo, bello "como el encuentro fortuito sobre una mesa de disección, de una maquina de coser y un paraguas..."

En verdad, ¡oh espíritus serenos y felices!! que eso es de un "humor> hiriente y abominable.

¡Y el final del primer canto! Es un agradable cumplimiento para el lector el que Baudelaire le dedica en las Flores del Mal, al lado de esta despedida: Adieu, vieillard, et pense à moi, si tu m'as lu. Toi, jeune homme, ne te désespére [sic] point; car tu as un ami dans le vampire, malgré ton opinion contraire. En comptant l'acarus sarcopte qui produit la gale, tu auras deux amis.

El no pensó jamás en la gloria literaria. No escribió sino para sí mismo. Nació con la suprema llama genial, y esa misma le consumió.

E1 Bajísimo le poseyó, penetrando en su ser por la tristeza. Se dejó caer. Aborreció al hombre y detestó a Dios. En las seis partes de su obra sembró una Flora enferma, leprosa, envenenada. Sus animales son aquéllos que hacen pensar en las creaciones del Diablo: el sapo el buho, la víbora, la araña. La Desesperación es el vino que le embriaga. La Prostitución, es para él, el misterioso símbolo apocalíptico, entrevisto por excepoionales espiritus en su verdadera transcendencia: "Yo he hecho un pacto con la Prostitución, a fin de sembrar el desorden en las familias .. ¡Ay...! ¡Ay...!, grita la bella mujer desnuda: los hombres algún dia serán justos. No digo más. Déjame partir, para ir a ocultar en el fondo del mar mi tristeza infinita. No hay sino tú y los monstruos odiosos que bullen en esos negros abismos, que no me desprecien" .

Y Bloy: "E1 signo incontestable del gran poeta es la "inconsciencia" profética, la turbadora facultad de proferir sobre los hombres y el tiempo, palabras inauditas cuyo contenido ignora él mismo. Esa es la misteriosa estampilla del Espíritu Santo sobre las frentes sagradas o profanas. Por ridículo que pueda ser, hoy, descubrir un gran poeta y descubrirle en una casa de locos, debo declarar en conciencia, que estoy cierto de haber realizado el hallazgo>.

El poema de Lautréamont se publicó hace diez y siete años en Bélgica. De la vida de su autor nada se sabe. Los "modernos" grandes artistas de la lengua francesa, se hablan del libro como de un devocionario simbólico, raro, inencontrable.

[Escrito en 1893, publicado en 1896

Primera Edición del Canto Primero. Agosto de 1868.

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Punto G
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enviado 05 Septiembre 2003 15:32     Presione aquí para ver el perfil de Punto G    envíe un mensaje privado a Punto G  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
LA ÚNICA FOTO CONSERVADA

[Editado 1 vez por Punto G el 05 Septiembre 2003 a las 15:33]

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verzzeti incontra!
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enviado 07 Septiembre 2003 18:53     Presione aquí para ver el perfil de verzzeti incontra!   Presione aquí para enviar un correo electrónico a verzzeti incontra!    envíe un mensaje privado a verzzeti incontra!  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
Buenas tardes,
Me adelanto en saludar al señor Punto G agradeciendole por lo que comparte con nosotros sobre el misterioso Conde. Seguro de que brunilda y Vicente haran lo mismo.
Me encanta la portada de esa segunda edicion de aldo Pellegrini que nos muestras. Que otros textos son los que se incluyen en esa obra, a los que refiere en el titulo.
Una pregunta más, eso que nos comentas de Ruben Dario es de su obra: "Los Raros"?... que por lo que se es un estudio monografico de la obra. Lo he buscado por todos lados pero aun no lo encuentro.
Lo que he conseguido son los "Manifiestos Del Surrealismo" de André Breton. Recien los comienzo y por lo poco que he leido so muy buenos. Andre Breton califico a Aldo Pellegrini como unos de los mejores, si no el mejor, representantes del surrealismo.
Bueno, me despido y tratare de volver lo antes posible.
Un gusto, nuevamnte.

Verzzeti

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Brunilda
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enviado 09 Septiembre 2003 15:28     Presione aquí para ver el perfil de Brunilda    envíe un mensaje privado a Brunilda  Editar/Eliminar Mensaje   Responder con Comentario
GUAU! qué puedo decir después de tan buenas aportaciones, gracias .G , en realidad si espero el momento -como vengo haciendo hasta hoy- para contestar como la gente, no dejaré nunca nada. Decidí dejar mi mensajito mediocre para que sepan que leo, que aunque no escriba en estos días, leo.

En realción a los animales, Gastón Bachelard en su libro "Lautréamont" (Brevarios, Fondo de Cultura Económica) contó 185 animales en el bestiario Ducassiano; los cuales, si mal no recuerdo aparecen en un promedio de 3 referencias al mundo animal por página.
Sin embargo, hace una gran diferencia entre las distintas "bestias". Por ejemplo, el caballo y el perro (ya que lo he leido por aqui)no son de mayor importancia para Ducasse, ya que no llevan ninguna transformación en sí. No existe metamorfosis en ellos (o "con" ellos).

Podríamos buscar según nuestro propio criterio, cuáles son los seres en los que nuestro Conde maldito se encuentra más identificado.

Bachelard habla del "Cangrejo" en contraposición con la "ventosa" (en sus distintas formas de presentarse). Es interesante la imagen de "garra" que superpone a la vountad (ja, aqui andaba la preguntita de Vicente!)

Bueno, me tengo que ir. Saludos, y por favor no dejen de escribir !!!

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