Pocos son los que reconocen en esta época, la excelencia literaría, y menos
aún el nombre de O’Henry. Pero este autor no sólo merece un lugar en las
antologías del cuento corto norteamericano (donde habitualmente suele
hallárselo) sino también la fama que Poe, Twain o Bierce han ganado entre un
público poco especializado.
Algunos se habrán acercado a su obra buscando las aventuras de Cisco Kid
(personaje que creó para un cuento) para encontrarse con un escritor capaz de
pergeñar una historia tan bien estructurada y disfrazada a la vez de relato
caótico como es “Una Historia Inconclusa”. Es, a la vez que historia con
comentario social y mordaz, un ejemplo de que el edificio construído por
Aristóteles puede seguir en pie mucho tiempo más.