“Todo lo material es real y todo lo
real es material” constituye la bajada de línea a la frase hegeliana de que
“todo lo racional es real y todo lo real es racional” y que pone la atención
sobre la realidad material, trayéndonos, desde lo que el psicoanálisis nos ha
legado, la dimensión del goce en el ámbito humano.
Este redescubrimiento del goce por
parte del psicoanálisis nos ha permitido replantearnos cuestiones filosóficas
desde esta perspectiva psicoanalítica y abrir un poco el panorama de aquello
real, que durante mucho tiempo nos fue vedado.
Por otra parte la psicología ha hecho
sus aportes, de los cuales la filosofía se ha servido muy poco, y un poco es
esta la propuesta del libro, replantear a la filosofía desde una mirada
psicológica, es decir un aprovechamiento profundo de lo que el psicoanálisis nos
ha legado.
Replanteos sobre Kant, Hegel, Marx,
entre otros autores –como Jorge Luís Borges– se hacen partícipes en una
colección de textos que se complementan y se auxilian para dar una coherencia a
los discursos que se desarrollan en el libro. La filosofía nos enseñará que la
vida es un recuerdo pero también una repetición, y es así que con cada recuerdo
y cada repetición damos vida nuevamente a estos grandes espíritus que han dejado
mucho de si.
El mundo olvida –y nosotros con el
mundo–, de modo que “el eterno brillo de una mente sin recuerdos” parecería ser
la propuesta de Kierkegaard en su categoría de la repetición; la falta misma que
nos retrotrae a lo inconcluso, y que es a su vez, en el fondo, el expresionismo
de un atormentado Munch.
Así es el espíritu occidental y su
pulsión de muerte. A fin de cuentas, el problema es el goce. El dilema no es la
ausencia, sino la ausencia de la ausencia, así como el deseo resignado, el
olvido del mundo y de lo que lo
articula.