Friedrich Schiller
creía que la obra (teatral, poética) era un mero medio para
disfrutar, sino el disfrute mismo. De la educación estética
dependía tanto el alma del hombre como el desarrollo de la sociedad toda.
En “Los Piccolomini”, segundo libro que dedicó a una
trilogía sobre la Guerra de los Treinta Años (durante la cual, la
Iglesia y los luteranos se disputaban las tierras y las almas de Europa)
encontramos al otrora aventurero Walenstein convertido en Duque de Friedlandia,
mientras que a su alrededor se tejen intrigas.
Octavio y Maximiliano
Piccolomini son héroes guerreros, soldados que conocen su oficio pero
sueñan con una utópica paz. En el desprecio del hijo por las armas
que tan bien lleva reconocemos un toque autobiográfico. En la apasionada
escritura, la fuerza de quien escribiera los versos que Beethoven
convirtió en el Himno a la Alegría.