Si el dominio de un arte fuera utilizado solo con fines gananciales
personales, ese arte estaría perdido. Y si por alguna razón esta
postura codiciosa se revirtiera y se utilizara el arte con un fin humanista, los
fantasmas del pasado y las malas acciones quedarían canceladas.
Por lo menos, así es la postura de el autor sobre la habilidad de
Jimmy Valentine, excelente ladrón de cajas fuertes, quien al conocer el
amor de Annabel decide modificar su vida y abandonar los robos. Para cancelar
sus deudas, deberá abandonar sus expectativas y restablecer las
prioridades, o se expone como quien es realmente, o salva una vida.