El hombre dispone de muy diversas y misteriosas posibilidades para marcar el
rumbo de su vida; el hombre decide aquello que ante sus ojos brilla con mayor
resplandor donde cree ver la posibilidad de edificar el santuario de sus
deseos.
La lógica y la experiencia nos alerta pero a veces la vanidad y el
deseo impulsivo tienen más poder en el ser humano que la propia realidad; el
razonamiento no llega a manifestarse en su plenitud, dada su delimitada
capacidad mental, por lo que el hombre se mantiene dentro de un cúmulo de
inseguridades amparado al margen de la realidad.
El otro Camino es, sin duda, una plataforma para consolidar o
reestablecer conocimientos o simplemente recordar aquello que, con el paso del
tiempo, se fue relegando de nuestra mente.
Creo que la evolución del hombre ha sido una constante e ininterrumpida
labor, que bien merece ser recordada; el esfuerzo, la incertidumbre y el terror
de lo desconocido fueron sus principales obstáculos, los que tuvieron que
soportar nuestros antepasados.
Sin lugar a dudas, podríamos decir que los principios del ser humano datan de
una época que se remonta a unos seis o siete millones de años, desde la
aparición de los primeros homínidos, seres parecidos a los chimpancés bípedos,
en África.
Es un largo camino el que hemos recorrido, pero también podríamos decir que
el principio aun está por llegar, o tal vez estemos llegando al final de
nuestro camino.