En esta oportunidad Schedrin ataca más puntualmente la labor de los
gobernantes. En una conversación muy abarcadora se cuestiona cada una de
las funciones de un gobernador dejando bastante en claro que es mejor que no se
inmiscuya en ninguna de las acciones del pueblo. Cuestiona los puntos más
favorables de ser gobernador para ser rebatidos por él mismo como
innecesarios. Es una gran burla a la burocracia gubernamental, sobre todo cuando
a la hora de cobrar su sueldo por ocupar el cargo, define esa
remuneración como una compensación por los
servicios.
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