En don José Rivera Indarte se realizaba el hecho de que los que reaccionan ruidosamente contra su propio credo, llegan a ser los sectarios más esforzados del nuevo credo que adoptan y, por consiguiente, los enemigos más implacables del que abandonaron. Habíase operado en él algo de la transfiguración del hombre y de la serpiente a que se refiere Dante, y que glosa Macaulay para aplicarla a los partidos tradicionales de la Gran Bretaña. Todo lo que él condenó y escarneció en obsequio y al servicio del partido Federal y de Rozas, fué lo mismo que engrandeció y exaltó después en obsequio y al servicio del partido Unitario para combatir a aquéllos.