Tómese el psicodrama -viene a decirnos Safouan- del cabo que se quiera, es siempre el lenguaje verbal quien preside y precede lo fundamental de lo que en ese campo ocurre. El cuerpo, el rol, el grupo, el gesto, las acciones psicodramáticos, los actores, jamás podrán ser entidades ajenas a los fundamentos del lenguaje y las leyes de cualquier verbalización. Hay dos maneras de pensar el psicodrama. Una propugnará que la persona es una entidad profunda y que todo consiste en su exteriorización, en su expansión expresiva. Para la otra, no se trata de lo que la persona contiene, sino de la relación: toda relación de sujeto a sujeto es una relación lingüistica. Y donde hay lenguaje, se sabe, hay demanda de garantías, referencias a pactos, legalidades, fidelidades, obediencias. Si la cura no puede ser entendida entonces como descarga, ¿en qué puede o debe consistir la acción del psicodramatista?. Brevemente: se trata de reemplazar una ideología de la "expresión" por una teoría sobre "inscripciones". El fin y el objetivo -los ejemplos de Safouan son ilustrativos- de la acción psicodramática no son otros que "reinscribir" al sujeto en su historia, o bien, es lo mismo, en "inscribir" las condiciones de esa historia en el sujeto.
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