Recibió el primer premio otorgado por el Fondo Nacional de las Artes a la producción literaria del bienio (1985 - 1986).
Desde el impiadoso realismo, que suele atenuar apenas un hálito de misterio o de ternura, pasando por la alegoría o el sutil ejercicio plástico, hasta el cruce narrativo que funde impecablemente nostalgia e impetu vital, tal pluralidad de formas muestra sin embargo una tensión siempre latente; el nudo existencial que la produce se desata a partir de un momento o situación clave generando una lectura sin decaimientos.