Juan de la Luna "es la expresión teatral de un milagro: el de la fe en el propio amor y en el amor ajeno. "Creo en ti, creo en ti, creo en ti..." se repite el protagonista; y logra que la persona amada no sólo haga honor a esa confianza sino, principalmente, que regenere su propio amor corrompido para elevarlo a un nivel poético inesperado. "Juan de la Luna" es también una exaltación: la de la inocencia creadora, capaz de brillar y de imponerse dentro del mayor hálito concebible de corrupción moral. Estamos ante una pieza técnicamente perfecta en la que Marcel Achard, el molieresco, logra un impacto poético no fácilmente olvidable.