En "Gatos plañideros- tangoides dadaistas", que presenta Corregidor, el autor se declara en estado seniliscente, disolutorio, nihilista y comatoso. Su lenguaje tiende a la baba saliendo por la comisura de los labios y como ya no puede hablar -por cansancio de vida, astenia y acetalia- elabora proferencias alfafonéticas que suenan a da-da, como un idiota. De esta aparición pútrida no sale mierda, sale pura baba de bebé emergente de una libación hermosa en los nobles pechos de una vida exhuberante.