Durante milenios, el arte de escribir y de leer fue monopolio exclusivo de pequeñas élites, y no empezó a convertirse en fenómeno masivo hasta hace apenas un siglo. Desde un punto de vista histórico, parece claro que el uso de la escritura estuvo estrechamente ligado al proceso de urbanización y al desarrollo comercial. De ahí que en 1750, al iniciarse la revolución industrial, Occidente fuese la región más instruida del mundo. En los ciento cincuenta años que siguieron, esta diferencia todavía se acentuó. En el presente libro, Carlo M. Cipolla, profesor de historia económica en las universidades de Pavía y California, estudia el desarrollo de la educación -y su influencia como agente del progreso social- en la historia de Occidente. Traducción de Ángel Abad.
La tapa está firmada por el escritor Martín Alberto Boneo.