Dali no fue solo un pintor, sino toda una aventura intelectual, ligada a la visión renovadora propiciada por el subrrealismo. En sus mejores momentos, ello le permitió esquivar - La doña estética, la infección sentimental y la lepra moral de los convencionalismos. Es justamente el tono razonable, sistemático y coherente de la mirada daliniana lo que la hace tan eficaz y aterradora.