Escuchó un extraño sonido. Sintió que venía hacía ella. Su mente empezó a dar vueltas sin parar. El viento, ese maldito viento que sonaba incansablemente en su cabeza... Pero no, en ese momento no soplaba el viento aunque ese lamento seguía estando allí. Era el llanto de un niño, sentía sus estridentes gemidos llamando a su madre: "Sólo los niños malos lloran. Lloran siempre. Y lloran mucho. Por eso hay que castigarlos..."