Regan creía en príncipes azules y en finales felices hasta que un hombre la traicionó y le quitó su fe en el amor. Desde entonces, había dejado de buscar caballeros de brillante armadura y siempre tenía los ojos bien abiertos para protegerse de futuros Romeos... Alex sabía por experiencia que amar podía resultar doloroso, pero también sabía que alguien tenía que salvar a Regan. Y aunque él no se consideraba un héroe, quería demostrarle a esa mujer tan bella y testaruda que ella era su princesa.