"Muerta, Lily Vaughan atraía más gente que cuando estaba viva; muchos estudiantes que nunca habían oído su nombre y ni siquiera la hubieran reconocido cuando cruzaba el patio, acudieron a sus funerales. La mayoría fue a la capilla para observar el ataúd, al jefe de policía de Vermont, a la madre de Luly -una mujer frágil, casi tan joven como su hija muerta, acompañada por su actual esposo-. Pero, sobre todo, la gente fue para observar a las cuatro muchachas que estaban sentadas en la parte derecha de la capilla, casi en el medio, sin mirar ni a un lado ni al otro. Las chicas, todas del último año y más conocidas que Lily Vaughan por sus compañeros, ahora eran famosas. Los rumores sobre la forma en que había sido apuñalada Lily se arremolinaban alrededor de ellas, tan rápida y violentamente como una tormenta de invierno. Aquella mañana, al encontrar a Lily muerta, todas habían jurado "yo no fui". Era mucho más tranquilizador pensar que algún extraño, un hippie drogado y vagabundo, había cometido el crimen. Y las chicas, amigas desde la infancia, se abrazaron y se unieron todavía más debido a la muerte de Lily Vaughan, como si hubieran sido encadenadas por la muchacha muerta, a la que todas odiaban cuando estaba viva. Se prometieron que, cuando terminara el funeral no pensarían ni hablarían más de ''eso''. Y realmente, durante muchos años, no lo hicieron..."
Ir al inicio
|